Para hacer producir al campo de Soledad, no solo se requiere de recursos económicos vía apoyos de los diversos niveles de gobierno, sino también de la efectiva organización de los productores, afirmó el regidor Jalil Chalita Zarur, presidente de la Comisión de Desarrollo Rural.
Advirtió que hoy más que nunca es fundamental revalorar la importancia del campo y superar los grandes desafíos de nuestro tiempo: “ Debemos contribuir a la construcción de un municipio eficaz que impulse el desarrollo rural con visión territorial, detonada por un campo justo, productivo, rentable y sustentable”.
Añadió que, si bien el municipio de Soledad dejó de ser predominantemente rural desde hace muchos años, todavía una cuarta parte de la población vive en el campo.
“Una característica común de las mujeres y los hombres que habitan en el medio rural es su desventaja frente a la población urbana para ejercer derechos como el acceso a la salud, a la educación, a la seguridad social, a una vivienda digna y al trabajo. Estas limitantes los condenan a vivir en la pobreza o bien a migrar en busca de mejores oportunidades”, señaló.
Por otra parte, explicó que el campo de Soledad no ha podido superar la estructura dual del sector agropecuario. De hecho, dijo, se ha incre-mentado la polarización entre los medianos productores comerciales y los pequeños productores familiares de subsistencia que no cuentan con acceso a créditos, tecnologías e incluso a programas gubernamentales para aumentar su productividad. Propuso construir una política de Estado de largo plazo que incluya a gobierno, centros de investigación, organizaciones campesinas, productores y comercia-lizadores, para alcanzar los objetivos trazados.
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Un campo productivo, en el que a través de la inversión en infraestructura y servicios rurales aumente el capital humano de la población del campo, se otorguen subsidios debidamente focalizados y se fortalezca el financiamiento mediante esquemas innovadores de crédito, ahorro y seguros adaptados al contexto rural.
3. Un campo rentable, en el que el sector agroalimentario se vuelva más eficiente y competitivo a través de la articulación —y la competencia— de cada eslabón de las cadenas productivas de valor.
4. Un campo sustentable, en el que los rendimientos de las cosechas no se incrementen destruyendo, sino a través de la innovación científica, tecnológica y organizativa. En el que la extensión de los sistemas de irrigación vayan acompañados del uso eficiente del agua y se fortalezcan las actividades productivas alternas al sector agropecuario como el turismo, el comercio de artesanías, la gestión forestal sustentable y el pago por servicios ambientales.
5. Garantizar la seguridad alimentaria de la población, entendida como el acceso físico y económico a suficientes alimentos nutritivos para satisfacer las necesidades alimenticias de la población.
“ Está claro que un futuro próspero es inviable sin el desarrollo de la población y el medio rural. Es tiempo de regresar la mirada y los recursos al campo”, concluyó.
