Debido a conflictos sin-
dicales y burocráticos
al interior del Centro Cultural Universitario Tlatelolco (CCUT) de la UNAM, el centro de documentación que resguarda el archivo de Juan Acha (1916-1995), uno de los más importantes teóricos y críticos de arte de América Latina y colaborador de Excélsior durante los años 70, aún no ha sido abierto al público pese a que ya se encuentra instalado y catalogado en una primera etapa.
El archivo, que cuenta con poco más diez mil registros, entre catálogos, libros, folletos, fotografías y publicaciones periódicas, fue donado al CCUT en 2009, pero hasta ahora sólo ofrece acceso limitado a un puñado de investigadores debido a que la fracción sindical del CCUT insiste en ocupar las plazas destinadas a operar el Centro de Documentación Proyecto Juan Acha, pese a no contar con candidatos que se adapten al perfil necesario.
Así lo revelan a Excélsior Joaquín Barriendos, profesor, especialista en cultura visual por la Universidad de Columbia e investigador del archivo, y Mahia Biblos Boskües, esposa del teórico de origen peruano, de quien el próximo año se cumplirán dos décadas de su muerte y en 2016 se recordará el centenario de su nacimiento.
“Tenemos problemas con el sindicato en nuestras actividades diarias; por ejemplo, para poner al día la catalogación del Proyecto Juan Acha no sólo se trata del manejo de horarios, sino del uso de esas plazas”, comenta Barriendos.
Es tan simple como que se necesita un jefe de biblioteca que coordine los procesos técnicos, explica, pero esa y otras plazas son peleadas por el sindicato para su uso propio. “El problema es que se trata de plazas de especialización y nadie dentro del sindicato cuenta con los conocimientos necesarios para ocuparlas”. Mahia Biblos agrega: “Yo pienso que es una cuestión administrativa que escapa a nuestras manos y es algo que no entendemos; es una cuestión burocrática en realidad, pero que impide que el proyecto sea ágil y efectivo”. Sin embargo, el mayor problema para que el Centro de Documentación tenga una vida efectiva y pueda ofrecer un buen servicio, operativo y eficiente, es que no sólo se requiere un jefe de biblioteca.
“También se necesita una coordinación académica que dé dirección a las investigaciones, orientación a los investigadores y que ofrezca apoyo al público en general, sin descuidar los procesos técnicos de catalogación, registro y documentación de los más de diez mil registros”, explica Barriendos.
Desafortunadamente no hemos conseguido obtener esto por cuestiones de burocracia interna, reconoce, “lo cual ha repercutido en un retraso permanente en su apertura ante la imposibilidad de completar ciertos procesos que tenemos en curso”.
¿Considera que este problema se solucionará a la brevedad?, se le cuestiona al académico por la Universidad de Columbia. “No lo creo. Aunque por ahora lo más importante para nosotros es la preservación física del archivo, pues un acervo de éstos requiere de un cuidado físico, institucional y patrimonial riguroso… Es un tema que nos preocupa mucho”, responde. Al respecto se buscó la voz de Jorge Jiménez Rentería, director del CCUT, pero a través de Pablo Aburto Carvajal, su coordinador de Difusión, enfatizó que no existe información alguna sobre este archivo. “No hay información disponible, no se puede visitar el archivo, nada que podamos informar”, aseguró el funcionario en repetidas ocasiones.
‘A un paso de la basura’
Pero éste no ha sido el primer obstáculo que enfrenta el archivo de Juan Acha. Hace sólo cinco años, este acervo documental estuvo a punto de ser arrojado a la basura.
A principios de los años 90, el archivo fue donado por Mahia Biblos a la Academia de San Carlos, bajo la administración de Luz del Carmen Vilchis.
