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    Huesos revelan enfermedades y tipo de vida prehispánicos

    By on 19 agosto, 2014

     

    En los restos de una población xochimilca los investigadores también hallaron en cinco esqueletos la presencia de una singular enfermedad congénita: la del Síndrome de Klippel?Feil. Afecta a las vértebras cervicales y da la apariencia de que no tienes cuello.
    Hasta ahora, esa colección de antropología física de Salvamento Arqueológico suma 800 cajas que contienen huesos completos o restos de individuos de la época prehispánica hasta de la Nueva España.
    Hasta ahora, esa colección de antropología física de Salvamento Arqueológico suma 800 cajas que contienen huesos completos o restos de individuos de la época prehispánica hasta de la Nueva España.
    En un laboratorio de La Merced, Salvamento Arqueológico del INAH analiza restos óseos que permiten comprender más de las sociedades antiguas
    El antropólogo físico Jorge Arturo Talavera tiene claro que en la excavación un esqueleto humano brinda mayor información que cualquier otra evidencia arqueológica. Y es que es en los huesos donde queda impresa la historia de un ser humano, sin importar que haya vivido hace cientos de años.
    La colección de restos óseos recuperados en obras de infraestructura en todo el país, a cargo de la Subdirección de Salvamento Arqueológico, que se encuentra resguardada en el antiguo edificio de la Alhóndiga, en el barrio de La Merced, es para los antropólogos una rica fuente de información para conocer las condiciones de vida de la población que habitó siglos atrás el Valle de México y los diversos territorios del país.
    Entre cientos de cajas que contienen vértebras, cráneos, costillas, mandíbulas, de esqueletos completos o cremados, un equipo de antropólogos y arqueólogos trabaja sobre estos restos óseos para develar historias de algunas poblaciones antiguas de la ciudad de México o de personajes en particular.
    Ahí está, por ejemplo, la historia de una mujer tepaneca de 20 a 25 años, posiblemente tejedora, que falleció después de un parto. Su osamenta fue hallada en 2012 cubriendo la de un recién nacido.
    El esqueleto, que forma parte de una colección de 32 entierros que fueron recuperados en un predio de la avenida Aquiles Serdán, en la delegación Azcapotzalco -donde posiblemente se asentó un barrio de comerciantes tepanecas-, actualmente se encuentra en estudio junto a los de tres niños que padecían el síndrome de envejecimiento prematuro o Síndrome de Hutchinson-Gilford.
    El estudio sobre el padecimiento de esos niños, cuyos esqueletos presentan la cabeza grande y los brazos y piernas largas y delgadas, podría revelar la existencia de un culto a Huehueteotl o “Dios Viejo” en ese barrio de comerciantes.
    “Estamos 90% seguros de que se trata de este síndrome”, revela Jorge Arturo Talavera, quien agrega que lo único que necesitan es hacer una prueba con marcadores genéticos para corroborarlo.
    De confirmarse, sería la primera vez que se reporta esta enfermedad en la época prehispánica y revelaría la importancia que esa población de comerciantes le daba a los personajes que la padecían, pues los restos de estos infantes fueron hallados con fastuosas ofrendas.
    Probablemente en la época prehispánica estos individuos eran “vistos con otros ojos”, explica el antropólogo, quien encabeza al equipo de Bioarqueología de la Dirección de Antropología Física del INAH: “No había una división entre el bien y el mal. Se creía que eran tocados por los dioses. Esa gente que salía de lo común era la representación de un dios en la tierra. En este caso de los niños sería la representación de Huehueteotl, el Dios Viejo”. Los análisis que la arqueóloga Guadalupe Revilla y la antropóloga física Nancy Gelover han realizado en los esqueletos de otros individuos adultos de esta colección de entierros de Azcapotzalco revelan otros padecimientos de esa población que se dedicaba a la actividad textil, como desnutrición o enfermedades congénitas; un caso es el de un niño de 10 años que, además de padecer sinusitis, “caminaba chueco” porque tenía el lado izquierdo más largo que el derecho.
    Hombres de cuello corto
    Otra de las colecciones de huesos que actualmente estudia el equipo de investigadores encabezados por Talavera es la de 125 entierros hallados en un predio, ubicado en la calle Hidalgo, en el centro de Xochimilco, donde se planeaba la construcción de una tienda departamental. Estos restos, 100 de ellos completos y 25 cremados, también presentan huellas de desnutrición.
    En los restos de esa población xochimilca los investigadores también hallaron en cinco esqueletos la presencia de una singular enfermedad congénita: la del Síndrome de Klippel-Feil.
    “Se trata de una anormalidad de las vértebras cervicales, que da la apariencia de que no tienes cuello”, explica la antropóloga Nancy Miramón Valdez.
    Por la cantidad de restos cremados, añade, se piensa que ese espacio era un recinto ceremonial, ya que entonces incinerar un cuerpo implicaba una ceremonia y el uso de diversos recursos, a los que muy pocos tenían acceso.
    “Para cremar a un solo individuo se necesitaba 40 cargas de leña, lo que representa 400 kilos de madera. Para el México prehispánico significaba una depredación por eso a los únicos que se cremaban era a la gente de élite, la que tenía acceso a los recursos para obtener la madera”, comenta Talavera, mientras explica el ritual funerario con el que posiblemente fueron enterrados dos personajes de élite en el predio donde actualmente se encuentra la Plaza Juárez, frente a la Alameda Central, en el Centro Histórico.
    Los restos de estos personajes, comenta, se hallaron dentro de cistas funerarias y al ser analizados en laboratorio se logró recuperar parte del ajuar funerario: agujas de cobre, un punzón de hueso, textiles de algodón y caracoles cortados.
    Hasta ahora, esa colección de antropología física de Salvamento Arqueológico suma 800 cajas que contienen huesos completos o restos de individuos de la época prehispánica hasta de la Nueva España.
    Se trata de un acervo en constante crecimiento, que cuenta con un protocolo de resguardo y conservación, y en el que existen todavía muchas historias por contar.

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