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    By on 15 agosto, 2014

     

    Lejos de dejarnos, el encaje es la tendencia que toma fuerza esta temporada. Más o menos tupido, más o menos romántico o más o menos sexy, es la tela que no puede faltar en el armario porque tiene el poder de vestir e insinuar sin mostrar. Chanel, Bottega Veneta, Valentino, Enmanuel Ungaro o Nina Ricci han jugado con esta textura combinándola con “tweed”, transparencias, saten, tonos pastel o estampados florales. Antes, el encaje se reservaba para la noche, mientras que ahora se puede ver en pantalones, “tops” y vestidos más acordes con un “look” diurno. Esta temporada, los biquinis con encaje son el último grito. El encaje insinúa, no muestra. Es la avanzadilla de un mundo por descubrir, y en todas sus facetas -sexy, romántico o tupido-, incita a la curiosidad de quien lo admira. Lejos de dejarnos, se convierte en una de las tendencias más “it” de la temporada, y abandona su campo más trillado, la lencería, para invadir todo tipo de prendas aportando un toque sensual y onírico a complementos, básicos y prendas sofisticadas para la noche. La pasarela y el “street style”, adelantado en “blogs” y webs de “celebrities” y expertos en el sector, ya anunciaron que el encaje ha dejado de ser un asunto de interiores y vuelve (¿se fue alguna vez?) más versionado que nunca. En trajes de dos piezas, como en el caso de Dolce & Gabanna, o en sugerentes vestidos combinados con transparencias o incluso con “tweed”, como los que incluyen en sus catálogo Bottega Veneta, Chanel, Enamuel Ungaro, Louis Vuitton o Valentino, el encaje es uno de los tejidos más femeninos y versátiles que admite la moda. Isabel Marant, Nina Ricci, Burberry o Stella McCartney son otros de los diseñadores que han manipulado el encaje con estampados florales y étnicos o con colores pastel muy favorecedores y apetecibles para lucir con altas temperaturas en el termómetro. De la noche al día Este textil, cuya presentación cromática va desde el blanco al negro, pasando por el rojo, el “nude”, el fresa o el verde, y que suelen lucir con elegancia artistas como Rihanna, Olivia Palermo Scarlett Johansson, amplía su coto, hasta ahora nocturno, a las luces diurnas de la gran ciudad y de los sitios más “cool” del veraneo mundial. De hecho, este año el encaje se ha combinado con troquelados, flecos y “crochet” en biquinis y bañadores y hasta en algunos bolsos, que han jugado con este tejido, además de con transparencias y plásticos, para dejar al descubierto todo su contenido. Hasta le salen imitadores. El “guipur” es otra de las tendencias de esta temporada, y su similitud con el encaje, más que evidente. La diferencia es que el “guipur”, capaz de adoptar distintas formas y colores en pantalones cortos, faldas de tubo, vestidos y “tops”, carece de tela de fondo y es más grueso que el delicado encaje, muy acorde con la tendencia “vintage” de prendas marfil y efecto desgastado que se ha instalado en el caprichoso mundo “hipster”. La seda y la puntilla también funcionan como aliados del encaje, un textil de tradición artesana que nació en camisones y ropa íntima hasta instalarte, ahora, en todo “outfit” (conjunto) que se precie de estar a la última. El encaje funciona como casual detalle de un estilismo romántico -en un cuello (los de tipo bebé con encaje estuvieron de moda hasta hace poco), en un escote o en una manga, por ejemplo-, o en un “total look” negro, ideal para acudir a una fiesta con un “dress code” (código de vestimenta) que sugiera glamur y refinamiento. Usar con moderación La sensualidad y elegancia del encaje, si se usa sin moderación o con prendas inadecuadas, pueden derivar en una sobredosis de extravagancia. Lady Gaga da fe de ello cuando adapta el encaje a su llamativo estilo. La cantante lo ha utilizado en muchas ocasiones, en memorables vestidos rojos como el que lució en un desfile de Marc Jacobs -con aureola incluida- o los monos de encaje negro y transparencias que le han ayudado a transfigurarse en viuda negra o “femme fatale”. Otra alternativa, para quien deseche la opción de llevar encaje en complementos exteriores, consiste en utilizar lencería con algún bordado o encaje dejándola casualmente al descubierto, o llevándola bajo una prenda transparente o fina.         Su combinación, igualmente, no está sujeta a unas normas inapelables. La imaginación, sin olvidar el buen gusto, es el único ingrediente obligatorio que debe poseer un “look” con encaje. Faldas blancas con encaje, muy ibicencas, combinadas con camisas o cazadoras vaqueras; vestidos de encaje en tonos marfil para un aspecto bohemio y “chic”, al que se pueden añadir unas botas con tachuelas o unos “shorts” de encaje negro combinados con una parte superior plateada o dorada, todo vale si se acierta con la dosis.

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