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    Tres labradores

    By on 27 julio, 2014

     

    El viernes de la semana anterior me comentaron en la Presa de San José que andaba por ahí deambulando un perro labrador, y que cojeaba bastante. Posteriormente, ya enfrente del club de fútbol, vi al perro en cuestión, que se dirigía hacia la salida del parque. Bajé llamándolo, pero tenía miedo y se alejaba más de prisa conforme uno se intentaba acercar a él. Regresé por mi vehículo, y cuando lo busqué, ya por el periférico, no lo pude encontrar. Esas cosas, decidí regresar por otro camino y nada, y ya regresaba a casa, cuando poco antes de la calle que conduce a Rinconadas y al club La Loma lo vi, y entonces tomé esa calle, me estacioné y decidí esperarlo. El perro seguía con miedo y no se mostraba interesado por las croquetas que le ofrecía, y siguió andando adentrándose en las calles. Enfrente de un parque se tiró al suelo y entonces se dio por vencido, cansado. Después nos enteraríamos que tenía una severa infección en el hueso de una de sus patas, y otra del sistema respiratorio, así que supongo que el dolor fue el que lo hizo caer derrumbado y cansado ante mis ojos.
    Pedí una correa, ya que no traía ninguna conmigo, y emprendimos juntos el regreso al carro. Lo llevé al lugar donde me permiten tener a los perros que esterilizamos, y ahí pasó la noche. Afortunadamente, ya la noticia del gigantón que paseaba por el periférico había llegado a las redes sociales, y su foto, marchando teniendo como fondo el bello valle que va a dar a la Presa, ya había incluso generado varios comentarios. Que habían intentado atraparlo y no habían podido, y que se veía cojeaba. Alguien muy amablemente ofreció llevar al perrito con el veterinario, algo que yo pensaba hacer al día siguiente. Cuando uno atiende animales en distintos lugares, tanto en alimentación como médicamente, lo que llegue de ayuda siempre es bienvenido, y se agradece mucho.
    El perrito se encuentra bien, atendido médicamente y en un hogar temporal que le consiguieron los que lo llevaron al veterinario. Se está buscando a su familia, y si no se le encuentra, se le dará en adopción. Es un lindo perrito, y merece quien lo quiera. Desafortunadamente, en ese fin de semana se reportaba que, además de este, otros dos labradores habían sido encontrados, y a uno no podían ya tenerlo más en donde lo alojaban temporalmente.
    ¿Abandonados? ¿Perdidos? No lo sabemos. De lo que si estoy segura es de que un sistema de registro con los datos de los animales domésticos (que deberían contar con microchip), sería necesario tanto para prevenir abandonos (pues si el “dueño” no reporta su desaparición, en caso de encontrar al animal, se le puede acusar de haberlo abandonado), como para poder regresar a ese ser querido, a ese miembro de la familia al que se extraña, a su hogar. GSL

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