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    Blanca Aldana, sin ‘v’ de vuelta

    By on 23 julio, 2014

     

    Se fue y jamás volvió. No porque el teatro de la ciudad que la vio nacer hace 34 años no le gustara, sino porque en su madurez artística Blanca Aldana Jiménez sintió un vacío, un hueco profesional que el Distrito Federal vino a compensar con más escenarios y aplausos.
    Hace cinco años partió a la capital del país y su carrera comenzó de nuevo. Aldana recuerda a Guadalajara con cariño y respeto, pues aquí conoció a los sinodales que la impulsaron a no desistir en su vocación de actriz, de la interpretación corporal.
    El sueño de Blanca —convertirse en actriz— comenzó en la universidad, en el grupo teatral Alebrije del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), mientras cursaba la carrera de Ciencias de la Comunicación.
    En el colectivo universitario, Blanca se topó con Mary Paz Gómez Pruneda, quien la guió. Aquella etapa —recuerda Blanca— fue una de las mejores de su vida, porque le tocó ser partícipe de la gira internacional que Alebrije hizo en el año 2000 a Belén y Roma, con la tradicional pastorela navideña del ITESO con motivo del Jubileo.
    Ahí Blanca aprendió a hacer teatro desde cero y comenzó a relacionarse con grandes figuras de la escena, como el vestuarista Ricardo de la Lanza y el promotor cultural José Luis Coronado: “Esa iniciativa de estar moviéndote y crear me marcó mucho y el crecimiento de ver otros mundos. Ya había salido del país, pero nunca relacionado a mi vocación”.
    Tras la gira, la novata actriz también cruzó ideales con Rafael Garzaniti, fundador de la extinta Escuela de Teatro de Xalisco; luego vino el Centro de Investigación Teatral y Educativo, y así, uno a uno se fueron dando los proyectos y las oportunidades de integrarse al gremio escénico.
    SABER MÁS
    El rumbo
    Actualmente Blanca Aldana se siente atraída por el cine, como recién lo descubrió en la película de corte independiente de co-producción francesa: “Le bouquiniste” (Los rollos perdidos), de Gibrán Bazán.
    También es posible que se le vea en televisión, pues ya terminó de grabar el piloto de un programa de comedia que está por definir su transmisión en la audiencia abierta o de paga. Blanca Aldana dejó Guadalajara, pero no despega la mirada de su tierra. Tiene la consigna de reencontrarse, en algún momento, con colegas a los que siempre admiró y desea trabajar: Fausto Ramírez, Susana Romo y Luis Manuel Aguilar, “El Mosco”, así como el dramaturgo Jorge Fábregas, con quien ya desarrolla un próximo proyecto.
    Aunque sus planes no son regresar como la hija pródiga del teatro tapatío, confía en la posibilidad de retornar a proyectos que la motiven a revivir sus andanzas por la capital tapatía.
    Blanca Aldana, actriz
    “Pensé qué otros horizontes podía explorar. La realidad es que el teatro en Guadalajara se hace con mucho talento, ganas y corazón, pero con pocos recursos y también hay poco público, aunque ahora ya hay campañas por generarlo”, expresa Blanca Aldana al recordar el opaco panorama para subsistir solamente de la escena teatral. “Cuando comencé no me importaba, tenía el apoyo de mis papás y pensaba que a mí no me interesaba el dinero, yo quería viajar. A la edad de 20 años todo se te hace fácil. Tenía optimismo y la efervescencia de la juventud”. Pero el tiempo no perdona. A sus 27, Blanca cayó en la cuenta de que necesitaba aire fresco. Decidió independizarse y analizar la situación que sus compañeros de escena tenían en una visión más madura y futura por construir un patrimonio, cuando a ella no le alcanzaba ni para pagar una renta.
    Arriba de los escenarios, Blanca se enfrentó a salas vacías, a la falta de promoción por parte de las dependencias culturales hacia el teatro independiente. Comenzó a dar clases de teatro en las escuelas y durantea un par de años fungió como cuenta cuentos en el Trompo Mágico, pero “no era lo que quería hacer”.
    A su vida llegó la beca del Centro de Estudios del Uso de la Voz (Ceuvoz) que la invitó a cambiar de escenario e instalarse en la Ciudad de México, además de retomar la parte del aprendizaje académico y descubrir su pasión por la docencia en 2009.
    “Estando allá dije: ‘ya no regreso’. En 2010 tomé la decisión de quedarme. Fue empezar de cero y hasta ahorita creo que estoy cosechando. Me di cuenta del rigor y nivel de competencia, porque hay muchas licenciaturas en teatro y también muchos desempleados. Existen más oportunidades, pero hay más gente luchando vorazmente.”
    Luego de culminar su diplomado en manejo vocal y continuar con su perfeccionamiento actoral, Blanca entró de lleno a la docencia, siguiendo los pasos de la maestra Tania González Jordan, quien le rindió confianza para iniciarla en frente a un nuevo escenario: el salón de clases.
    En esta nueva plataforma, la actriz también estructuró la técnica que la caracteriza en la tarima mediante el uso de todo el cuerpo, para después interesarse también en la industria del cine con cortometrajes.
    Por delante
    la vocación
    Blanca Aldana se enfrentó a muchos clichés enganchados a la actuación, iniciando por la idea familiar de frenarla ante un posible fracaso frente a los escenarios y las precarias condiciones económicas que el teatro tiene, principalmente, en su recuperación taquillera.

    Pero al pasar de los años, la actriz logró convencer a sus cercanos de que el teatro era lo suyo y no había marcha atrás. Entre las buenas y malas experiencias, Blanca llegó a la conclusión de lo que la interpretación escénica significa para ella.
    “La actuación es la posibilidad de jugar con mi energía. Para mí ser actor es ser un mago, un alquimista que modifica su energía y estás jugando con tu alma. La desfachates, desvergüenza y valor que se necesita para estar frente a seres humanos y abrir tu alma, y transformarte a ti mismo, mover tu ser y a través de eso incentivar a otros a que sientan.”
    Blanca relaciona al teatro con la complejidad emocional y física del humano, pero también una forma de aprender de los bueno y lo malo de la vida, pues a través de la interpretación, la histrión ha llegado a ser quien es sin arrepentirse.
    “Me hubiera gustado dudar menos y lanzarme por las cosas, irme a estudiar a México sin pensarlo tanto, para qué dar vueltas. Pero todo eso me ha llevado a ser quien soy y a llegar a esa respuesta. Todas las cosas que no consigues, los bloqueos y paredes que te impiden avanzar están en uno mismo”.

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