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    Grafitismo

    By on 14 julio, 2014

     

    pestilencia, robos: la escena del Centro Histórico

    Pese al despliegue policíaco, las verjas de control de acceso a la Plaza de Armas y que recientemente se han reforzado con mallas antimarchas y de las videocámaras de vigilancia, las pintas vandálicas se han instalado abierta y descaradamente en el denominado Perímetro “A” del Centro Histórico de San Luis Potosí.
    Un breve recorrido mostró la presencia de las pintas vandálicas que alcanzan fincas que se encuentran inscritas en el padrón del patrimonio histórico y cultural, incluso en diversas sedes de dependencias públicas federales, estatales y municipales.
    El robo frecuente de placas que dan cuenta de los monumentos históricos, incluyendo templos como el de La Compañía, así como la evidencia de caserones vacíos, abandonados, se ofrecen a propios y extraños como una clara evidencia de la inseguridad que campea en estos espacios.
    Las constantes incursiones nocturnas a la Alameda Juan Sarabia, para intentar el robo de bustos de bronce de algunos personajes (entre los que se incluye el del periodista Juan Sarabia, que da nombre a esta área verde), no son referencias cómodas para la policía y, en general, para las autoridades públicas.
    Asimismo, en el recorrido por el Centro Histórico, se advierte la presencia de un olor nauseabundo que se desprende de los azolvados sistemas de drenaje; el desorden que priva y que no puede negarse cuando el transeúnte se encuentra con banquetas bloqueadas por autos particulares, del servicio comercial, e incluso autos con logotipos de diversas dependencias públicas, y del servicio de traslado de valores y, aún, con carromatos del comercio informal que se mantienen por el pago de derecho de piso a los inspectores de comercio municipal.
    Algunas edificaciones preponderantes, como es el caso del Palacio Ipiña, presentan imágenes apabullan-tes de abandono, que sólo llaman al asombro de los visitantes, luego de que citadinos se han acostumbrado a ellas.
    Las pintas vandálicas se extienden hasta la Avenida Venustiano Carranza, y también a lo largo del Eje Vial-Constitución, sobre la Avenida Universidad, en la Avenida Manuel José Othón, en las avenidas 20 de Noviembre, Damián Carmona, en Julián de los Reyes, Álvaro Obregón y alcanzan asimismo diversos templos como la propia Catedral Metropolitana, La Compañía, San Juan de Dios, entre otros y en la vieja y señorial casona de la Acción Católica.
    Hay evidencia de grafiti, incluso en el caserón que alberga la Dirección General de Gobernación y la Dirección Estatal de Protección Civil; alcanza asimismo, instalaciones bancarias y los más diversos comercios, no sólo en sus paredes y cortinas de acero, sino incluso, también en las vidrieras o paradores.
    Otras edificaciones, abandonadas (algunas hasta por tres lustros) en pleno centro histórico muestran ventanales quebrados a pedradas por los vándalos… a pesar de la presencia de las corporaciones policíacas estatales y municipales.

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