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Un problema vigente: El maltrato hacia los adultos mayores

By on 4 julio, 2014

 

Como muchos otros eventos de corte internacional que no gozan del glamour que dan los deportes o los espectáculos, el pasado 15 de junio se celebró sin mayor lucimiento el Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso a las Personas Mayores.
El objetivo central de esta conmemoración es llamar la atención sobre el problema de salud que implica el abuso cometido contra la población adulta mayor. El abuso o maltrato a las personas mayores no es un problema reciente ni tampoco local. Se trata de un problema universal del que, sin embargo, se habla poco.
El maltrato es la acción única o repetida, o la falta de la respuesta apropiada, que ocurre dentro de cualquier relación donde exista una expectativa de confianza y la cual produzca daño o angustia a una persona anciana, según lo acordado durante la Cumbre de Toronto para la Prevención Global del Maltrato de las Personas Mayores, organizada hace unos pocos años.
El maltrato puede ocurrir en cualquier contexto: en las familias, en las instituciones y en la sociedad en general. De ahí que su solución requiera de la participación de todos. ??
Si bien el maltrato a las personas adultas mayores se presenta en todos los niveles socioeconómicos, los grupos más vulnerables son aquellos que presentan capacidades especiales, problemas de memoria, con incontinencia, mujeres y quienes viven en pobreza extrema. Ello los ubica en condiciones de fragilidad, lo que hace todavía más grave y negativo el maltrato.??
La presencia de síntomas depresivos se ha asociado fuertemente con el maltrato psicológico que ocurre generalmente junto con el abuso físico. El primer tipo de maltrato se refiere a los actos verbales o no verbales con la intención de causar daño emocional, malestar psicológico o aislamiento de amigos o familiares en donde se incluyen la agresión verbal, amenazas, humillación, intimidación e infantilización.
También incluye amenazas de abandono o institucionalización y el acto de negarle oportunidad en la toma de decisiones en su vida, el aislamiento o el confinamiento intencional de la persona mayor.??Otras formas de maltrato son la negligencia, es decir, el rechazo de cumplir las obligaciones o responsabilidades por parte de la persona que cuida al anciano. La negligencia puede ser activa o pasiva, intencional o no intencional.
El autoabandono, que consiste en la conducta característica de una persona anciana, la cual amenaza su propia salud o seguridad con un rechazo o fracaso de proveerse a sí misma con un cuidado adecuado. Así también, el contacto sexual no consentido de cualquier tipo con una persona adulta mayor es maltrato sexual.
Por último, pero no por ello menos importante, existe el maltrato estructural, entendido este como la falta de políticas sociales y de salud adecuadas, el mal ejercicio e incumplimiento de las leyes existentes, la presencia de normas sociales, comunitarias y culturales que desvalorizan la imagen del adulto mayor y que resultan en perjuicio de su persona, expresándose socialmente como discriminación, marginalidad y exclusión social. ??
Como mexicanos, ciudadanos, asociaciones o instituciones, tenemos un reto importante a atender: reflexionar sobre este problema y prevenirlo, a través del fortalecimiento de redes, evitar el aislamiento social, prevenir el agotamiento de los cuidadores, informar sobre los medios de ayuda y ofrecer orientación mediante los profesionales de la salud.
Pero principalmente lo que debemos combatir es la resignación de ver vivir una situación de maltrato hacia nuestros adultos mayores, pues no debemos olvidar que en más de un sentido el abandono de este grupo puede llegar a constituirse en una seria deuda moral para toda la sociedad mexicana.
Ciencia y tecnología para nuestro desarrollo: habemus PECITI
En días recientes fue dado a conocer a la opinión pública nacional el Programa Especial de Ciencia, Tecnología e Innovación (PECITI) del gobierno federal, documento que recoge las necesidades y las prioridades que deberán atenderse durante la administración del presidente Enrique Peña Nieto en campos tan importantes como el desarrollo tecnológico y la infraestructura científica para la innovación.
El programa, como es obvio suponer, está a cargo del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, instancia que ha venido asumiendo un rol fundamental en el cambio de estilo que han sufrido las políticas públicas en México en los últimos dos años, en términos de la búsqueda de resultados más tangibles y efectivos en la aplicación del gasto público.
Más allá de lo obvio que resulta que el país y su gobierno federal tengan un programa como el PECITI, lo que debe tenerse en cuenta es la forma en que en este documento de carácter oficial se está planteando la ejecución de la así llamada política de ciencia, tecnología e innovación.
Tradicionalmente, los planes y programas en esta materia habían mantenido un posicionamiento claro respecto a la necesidad de invertir en ciencia y tecnología, pero en más de un sentido fueron ambiguos en lo que toca a la relación con el sector privado y con el desarrollo específico de soluciones aplicadas a problemas concretos.
Lo planteado en el nuevo programa supera esta ambigüedad y señala directamente la importancia de que toda la inversión y el gasto corriente que se destine a proyectos científicos y tecnológicos se inscriba en procesos sociales e institucionales amplios que garanticen resultados efectivos en el corto y mediano plazos.
Esto quiere decir que no se está pretendiendo alcanzar desarrollos rápidos, basados únicamente en casos o experiencias ya probadas, como podrían sugerir las posturas de algunas instancias individuales que han logrado avanzar en el proceso de experimentación e innovación.
Si bien este tipo de estrategias han servido en el pasado reciente y remoto para demostrar la existencia de capacidades científicas en el país, aportan poco para la construcción de un sistema nacional que opere bajo criterios de constante innovación y desarrollo.
De ahí que el programa de trabajo recientemente anunciado deba ser calificado como una propuesta que atiende con un sentido más sistémico y estructural la necesidad de que el país invierta en la creación de capacidades y no sólo en el desarrollo de proyectos individuales.
Esta visión queda confirmada y reiterada, más allá de la presentación de una definición clara de objetivos y metas en el documento, en la consistencia que muestra lo planteado por el programa y las acciones realizadas por el Conacyt en los últimos 18 meses. El programa establece la pertinencia de dar un impulso mayor al desarrollo de las capacidades científicas a nivel regional.

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