Don't Miss

Historia de la democracia priísta (7) Krauze: por una democracia sin adjetivos

By on 13 septiembre, 2020

 

En 1975 arribó a México una delegación de la Platajunta española, una fusión de Plataforma Democrática del Partido Comunista y Junta Democrática del Partido Socialista. Al frente estuvo Santiago Carrillo, entonces legendario secretario general del comunismo español. En privado Carrillo se reunió con el presidente del PRI, Jesús Reyes Heroles, y ahí sugirió que México debería asumir la bandera de la transición a la democracia.
No fue debate, sino intercambio de opiniones. Reyes Heroles fue claro: una transición era el paso de una dictadura a una democracia. Y México, en sentido formal, no era una dictadura: tenía partidos, elecciones, instituciones, aunque centralizadas bajo el control del presidencialismo priísta. El tema quedó ahí. Años después, en 1977, como secretario de Gobernación del presidente López Portillo, Reyes Heroles encabezó una gran reforma política que se quedó a medias, aunque impulsó una decisión que modificó el equilibrio político y el sistema de partidos: la legalización del Partido Comunista Mexicano, entonces en la ilegalidad y señalado como promotor de la guerrilla y las formas ilegales de lucha política.
El tema de la transición democrática quedó subyacente en el imaginario colectivo minoritario. En enero de 1984 el historiador Enrique Krauze sacudió la vida política con su ensayo Por una democracia sin adjetivos, publicado en la revista Vuelta No. 86. El tema central era la atención al agravio democrático. En 1982 había tomado el gobierno priísta una fracción de tecnócratas economistas con objetivos de funcionalidad de gobierno, no de ideología posrevolucionaria. Lo que más llamó la atención del ensayo de Krauze fue su sugerencia de mirar hacia la transición española a la democracia: a la muerte de Franco en 1975 y ante el sistema que dejó atado para después de su muerte, el rey Juan Carlos, azuzado por su padre el conde Don Juan de Barcelona, designó presidente del gobierno a Adolfo Suárez para instrumentar una transición.
La transición española a la democracia buscó pasar de la dictadura de Franco a un régimen democrático de monarquía parlamentaria. Las tres grandes decisiones fueron: ley de reforma política para elecciones libres, una nueva Constitución y los Pactos de la Moncloa para reorganizar el sistema productivo y la correlación de fuerzas sociales. España pasó, de golpe, de dictadura a democracia.
Por ahí señaló Krauze debía pasar el sistema mexicano. En España fue fácil por la muerte de Franco, el papel de pivote de la democracia del conde Don Juan y la dinámica de Adolfo Suárez que había salido del Movimiento o el grupo social clave del franquismo para construir una democracia: es decir, la transición la hicieron los franquistas. El puente entre los dos regímenes fue el paquete de reformas de Suárez para evitar la reorganización de las fuerzas militares y empresariales del franquismo. Además, la crisis económica de España, con tasa de inflación arriba de 20%, exigía un nuevo modelo de desarrollo.
La respuesta a Krauze fue diversa: la izquierda lo desdeñó, el gobierno dijo que no iba a entregar el poder y que encabezaba De la Madrid una reforma de Estado, la ausencia de fuerzas intelectuales impidió el consenso y los grupos sociales del régimen cerraron filas con el gobierno. Pero de manera paulatina, los gobiernos de De la Madrid, Salinas y Zedillo abrieron el régimen a nuevas fuerzas y democratizaron algunas instituciones, la alternancia en el 2000 mostró que sí se podía transitar a gobiernos no autoritarios. Sin embargo, en los hechos se dio una transición democrática rigurosamente vigilada por los autoritarios.
Fox, el PAN y sus aliados progresistas no pudieron definir una reforma de sistema/régimen/Estado. No hubo un modelo político, económico y social alternativo al PRI. El PRI careció de cuadros democratizadores y Fox pactó con los viejos dinosaurios priístas. El sistema económico dominante logró mantener el control neoliberal del gobierno panista. Y las fuerzas sociales productivas –obreros, campesinos y clases profesionales– no entendieron su papel histórico que en España jugaron sobre todo los grandes sindicatos comunistas y socialistas. Lo que pudo haber sido una transición de sistema/régimen/Estado quedó en un relevo de élite que administró sus precarios espacios, sin fuerzas impulsivas que pudieran empujar las reformas económicas, sociales y políticas para superar el régimen priísta.
Fox todavía tuvo una oportunidad de regresar al modelo de transición cuando nombró a Porfirio Muñoz Ledo como encargado de una comisión de reforma del Estado, pero el tiempo se diluyó en la incomprensión de Muñoz Ledo de lo que trataba una transición y su reforma del Estado no tocó la configuración de las clases sociales determinantes. Las conclusiones de esa comisión, en los hechos, se tiraron a la basura y Fox envío a Muñoz Ledo de embajador a Europa.
Por el lado intelectual tampoco hubo la configuración de una élite transicionista. El grupo Nexos fue el instrumento del presidente Salinas de Gortari para desviar la transición real a la construcción de un sistema político más abierto, pero sin reconstruir los compromisos con las clases. El intelectual y sindicalista universitario José Woldenberg fue asignado al Instituto Federal Electoral para reformar los mecanismos electorales, pero sin entender, como Suárez en España, el papel de una reforma electoral como reorganizadora de los equilibrios ideológicos, políticos y de clase. El IFE se redujo en un embudo a favor del viejo régimen priísta.

El ensayo de Krauze sigue vigente, a la espera de otra oportunidad.
indicadorpolitico.mx

carlosramirezh@hotmail.com

@carlosramirezh

Canal YouTube: https://t.co/2cCgm1Sjgh

About Redaccion El Heraldo SLP

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *