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¿Qué nos está pasando?

By on 9 junio, 2020

 

Los deplorables asesinatos de George Floyd y Giovanni López nos tienen furiosos y llenos de ira; lo que no es para menos, pues el abuso autoritario de quien debería de ser garante del orden es inaceptable. Por esa razón, ver la rodilla de un maniático uniformado por casi nueve minutos sobre el cuello de Floyd, le revuelve el estómago a cualquiera.
Para el filósofo y psicólogo social Erich Fromm, lo que constituye la génesis de los sistemas autoritarios es la cesión por parte del individuo hacia el gobierno en lo referente a la capacidad de pensar y de tomar decisiones; dicha cesión tiene como propósito eliminar la incertidumbre, lo que en resumidas cuentas significa que entregamos nuestra libertad por miedo.
De esta manera, ante la crisis sanitaria a causa de la COVID-19, los gobiernos y la fuerza pública han encontrado el pretexto autoritario para ejercer su poder sin tapujos ni remordimientos. Sin embargo, este problema no es algo que se haya generado hace unos meses pues, en este país, las muertes a cargo de la autoridad se han normalizado desde hace décadas, acumulando en los últimos años cifras equiparables a las de una guerra civil.
Ahora bien, las violentas manifestaciones en Estados Unidos, Jalisco y la Ciudad de México son un reflejo del odio que se ha generalizado en la sociedad; pero el odio, de acuerdo con Aristóteles, es una forma de ira no desahogada que si bien, según Nietzsche, nos sirve como un cierto estado de alerta intelectual, pero cuando se vuelve crónico, puede devenir en enfermedades físicas y psíquicas, llevándonos a una perspectiva donde la vida pierde todo sentido y razón.
Pero el odio y la ira provienen de un mismo lugar, el miedo. Ese sentimiento que, fomentado desde las más altas esferas del establishment internacional y acatado con severidad por los ingenuos gobiernos, ha abrazado al mundo en los últimos meses. En ese sentido, el miedo es el peor de los virus y lo que vemos hoy es el producto de estar invadidos por esa sensación de fragilidad y temor por un largo período.
Pero no todas son malas noticias, porque hasta en el excremento de unos, otros encuentran un festín y si esto nos sirve para darnos cuenta de que el sistema en el que vivimos se sostiene de un legalismo no necesariamente justo, ya hay una ganancia exponencial.
Es por eso que la consciencia es el arma más poderosa de un individuo o de una nación. Por consiguiente, en tanto que ya nos hemos percatado de que en el lugar donde vivimos no es posible el buen vivir, llegó el momento de definir, desde lo personal, el cambio que deseamos ver a nivel social. Tal como cuando abordamos un avión y la sobrecargo explica que para poder ayudar a los demás, primero debemos ayudarnos a nosotros mismos, así es cómo se producen los verdaderos cambios en una sociedad.
En el actual estado de las cosas, es imprescindible que tengamos muy claro que el miedo no puede ser desplazado por la violencia, la ira o el odio, pues la contraparte del miedo es el amor y sólo ese poderoso sentimiento puede alejarnos de la penumbra y la oscuridad que estamos viviendo.
«Cuando tenemos miedo nos apartamos de la vida». John Lennon.

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*El autor es maestro en gobierno y políticas públicas por la Universidad Panamericana, consultor político y actualmente se desempeña como director de información del Heraldo de México Televisión.

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