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Pedro Sánchez entre Kérensky, Suárez, Dilma o Luis Bonaparte

By on 12 enero, 2020

 

La crisis política en España por la configuración de un nuevo gobierno formal registra, desde América, tres lecturas:

1.- La interpretación de los hechos tiene referentes propios de las crisis políticas de gobierno en Iberoamérica y el hecho de que no hay muchos expertos en monarquías parlamentaria que manejen las categorías del poder. Los presidencialismos iberoamericanos tienen mucho de monárquicos y más ahora que los líderes populistas se quieren perpetuar en el poder con reelecciones sin límite y en otros casos con relevos de poder tipo sucesiones monárquicas.

2.- La decreciente existencia de una prensa analítica, pues el oficio periodístico se ha polarizado entre una prensa de chisme y sumisión al poder y una prensa militante que retuerce la realidad para hacerla pasar por sus ojos de sus agujas. Los medios han ido perdiendo la distancia de los conflictos en el modelo de Albert Camus del periodismo del mediodía que aleje los análisis de la parcialización de la casuística de las ideas preconcebidas. Los medios califican, no analizan.

3.- El resultado de la votación del martes tiene otra lectura: El 47.7% de los votos revela un gobierno minoritario, con una mayoría opositora de 52.3%. Ciertamente que la abstención fue una especie de sí vergonzante, pero por los discursos de Esquerra Republicana darán la pelea por la separación de Cataluña y la creación de una república independiente. Los primeros análisis han disminuido el tiempo político de la legislatura a menos de los 4 años para la que fue elegida.

En este contexto, aquí aventuro algunas lecturas de los escenarios que se abren al presidente Pedro Sánchez por sus alianzas con comunistas, podemistas e independentistas:

1.- La salida Kérensky o el socialismo no radical que le abrió las puertas del poder en Rusia a Lenin. Ni defendía al Zar ni entendía a los comunistas. El gobierno provisional de Kérensky facilitó la entrega del poder a los bolcheviques.

2.- La salida Suárez, quizá la más, audaz: un gobierno de transición democrática, jalando a los comunistas a la institucionalización y alejándolos de la lucha revolucionaria, además de meterlos en el espacio del reconocimiento a una monarquía parlamentaria, constitucional y democrática. Si hay pensamiento estratégico en Sánchez, entonces estaría sacando a los independentistas de la lucha callejera y sometiéndolos a las reglas democráticas de las mayorías. Al pactar con un gobierno monárquico, podría haber una salida de no ruptura del Estado monárquico de las autonomías.

3.- La salida Dilma ha sido el gran fracaso de la izquierda en Brasil: una coalición de diez partidos con intereses distintos que fragmentaron el ejercicio del poder ante la imposibilidad de encontrar un acuerdo común. Los gobiernos pluripartidistas suelen diluir el poder. Lula da Silva y Rousseff no pudieron cohesionar a las fuerzas políticas y la derecha aprovechó esa debilidad para asaltar el poder.

4.-. Y el modelo del 18 brumario de Pedro Sánchez o la construcción de un poder personal absoluto, basado en las fuerzas proletarias desperdigadas y sobre todo en una especie de lumpenproletariado de dirigentes de facciones ideológicas radicales. Los discursos de Sánchez y de Pablo Iglesias no construyeron una propuesta democrática, sino que polarizaron a las fuerzas españolas en lo que Engels reconoció en la propuesta de Marx en El 18 brumario de Luis Bonaparte: convertir justamente la lucha de clases en el escalón al poder. La forma despectiva en que Sánchez e Iglesias caracterizaron a la derecha introdujo el modelo de lucha de clases.

Podría haber otras salidas, pero creo que por ahora estas cuatro ilustran los estrechos márgenes de maniobra del gobierno de Sánchez, porque los acuerdos programáticos no parecen ser sostenibles, las agendas de los aliados del PSOE son otras y el costo político de las negociaciones dejaron a un Sánchez con menor margen de maniobra.

Quedan tres estampas de la alianza PSOE-Podemos en tres fotografías:

La primera fue el abrazo del primer paso al pacto que se dieron Sánchez e Iglesias. El lenguaje corporal mostró perfiles políticos: Sánchez recibe a Iglesias, Iglesias atenaza a Sánchez y recarga su cabeza en el cuerpo de Sánchez y los ojos cerrados denotan sentimentalismo, entrega, sumisión. Los abrazos políticos entre aliados de diversas ideologías son menos apasionados y siempre con los ojos muy abiertos y con posturas que asemejan puñaladas por la espalda. Iglesias se vio subordinado y atenazado a Sánchez.

La segunda ha exhibido a un Sánchez casi cargando a Iglesias, en una imagen de subordinación corporal. Iglesias queda como arropado por Sánchez y de nueva cuenta los brazos de Iglesias se aferran al cuerpo de Sánchez. Son abrazos de agradecimiento de Iglesias a Sánchez.

Y la tercera fotografía ocurrió en la firma del acuerdo. Iglesias saluda de mano a Sánchez, un choque de manos como de camaradería, con los nudillos hacia arriba, como dos puños que van a competir en un juego de vencidas de fuerzas. Sólo que Sánchez usa la mano izquierda para envolver las manos unidas en una especia de cápsula, dejando la imagen de un puño comunista encapsulado por una mano socialista, el puño sin poder moverse, quizá la imagen de un grupo

Podemos inmovilizado por los intereses de Sánchez.

El martes 7 comenzó una de las legislaturas españolas más imprevisibles de la historia de la transición.

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