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I think, we think, the United States think…

By on 5 diciembre, 2019

 

Constante amenaza representa para México un presidente como Donald Trump

Muy ingeniosa me pareció la forma en que describió un destacado, brillante e influyente funcionario público de anteriores administraciones, las diversas formas o tonalidades que puede adquirir el trato de un funcionario norteamericano al dirigirse a uno mexicano. Pensando en la constante amenaza que representa para México un presidente como Donald Trump, alguien le preguntó sobre las presiones que en su momento vivió por parte de funcionarios gringos.
Y como una parte simpática y anecdótica de su experiencia, dijo: es cosa de observar la forma en que inicia su frase el interlocutor de que se trate. Si empieza con un “I think…” lo más probable es que se trate de una ocurrencia, un comentario o en el peor de los casos, una sugerencia. Si en vez de eso inicia con un “We think…” entonces más bien es de esperarse una indicación o hasta lo que podría llegar a convertirse en una amenaza. Pero si el inicio de la frase lleva un “The United States of América think…” entonces sí, a abrocharse el cinturón pues seguro habrá turbulencias producto de una abierta intromisión o amenaza.
Y ha venido a mi mente la anécdota ahora que creo que lo que tiene que ver con la relación bilateral entre los EUA y México se ha venido complicando, ante el surgimiento de nuevas amenazas. La tragedia de la familia LeBarón trajo elementos que no habían aparecido antes y que conviene ver con lupa. Lo relacionado con los cárteles de la droga, el narcotráfico y el tráfico de armas, como elementos que forman parte de la misma trama, se nos revela como tema ineludible, para los que quizás no estamos preparados.
Aún cuando nosotros mismos llegamos a sugerir que la matanza de El Paso en agosto de este año en la que murieron varios mexicanos fuera considerada un acto terrorista, ahora temblamos ante la posibilidad anunciada por Trump de que nuestros cárteles sean los que pudieran entrar en esa clasificación, lo que abriría la puerta a posibles intervenciones de un gobierno extranjero en nuestro territorio. Cosa que seguramente muchos estrategas electorales pudieran considerar de alta rentabilidad político-electoral, ante la pretendida reelección trumpista. No podemos ignora que las mujeres y niños, cobarde y arteramente asesinados, eran también ciudadanos americanos y que, en aquel país, se exige castigo para los asesinos.
Repasemos algunos antecedentes históricos para comprender de mejor manera lo que está sucediendo. La política de Guerra Contra las Drogas (War on Drugs), iniciada durante la administración de Richard Nixon, planteó la criminalización y el uso de la fuerza para investigar y perseguir los delitos de posesión, comercio y producción de drogas. Durante las administraciones de Bill Clinton y George W. Bush, se planteó bajo esta perspectiva que la cooperación en América Latina debía reforzar las capacidades del Estado para perseguir estos delitos. En este sentido se firmaron el Plan Colombia e Iniciativa Mérida sobre recursos focalizados para las capacidades militares y policiacas de Colombia y México.
En 2009, la administración de Barack Obama eliminó el uso del término Guerra Contra las Drogas y permitió que los estados tuvieran una posición más flexible, lo que llevó a la legalización de la marihuana recreativa en 12 estados para 2019. Sin embargo, la política de fortalecimiento de capacidades de seguridad para América Latina permaneció, continuando hasta 2011 el programa Rápido y Furioso para vender armas a las organizaciones criminales con el propósito de rastrearlas y poder introducirse en los grupos criminales.
En este sentido, el trafico de armas es un comercio paralelo al tráfico de drogas. En Estados Unidos, el mercado de drogas tiene un valor de 200 mil millones de dólares según la Office of National Drug Control Policy estadounidense, donde 80% de la heroína que se vende en EUA proviene de México, según Naciones Unidas. En cambio, la mayor parte de los delitos del crimen organizado se cometen con armas ilegales, 70% de ellas proviene de EUA según la US Government Accountability Office. Otros países como El Salvador y Honduras también enfrentan este mercado negro de armas donde casi 50% de las armas decomisadas tienen su origen en Estados Unidos.
Tras abandonar esta postura, Estados Unidos cooperó con México para focalizar la lucha contra el narcotráfico en la captura de los líderes de las bandas criminales. Esto llevó al arresto de diversos capos, pero también a la balcanización de los cárteles en pequeñas organizaciones más violentas. Este enfoque ha sido criticado por no atender las verdaderas causas del crimen en la corrupción, impunidad y la profesionalización de los cuerpos de seguridad.
La administración de Donald Trump se ha mostrado aislacionista respecto a la política de drogas en el exterior, prefiriendo atacar el problema de la epidemia de opioides en Estados Unidos. En el documento “Memorandum on the Presidential Determination on Major Drug Transit or Major Illicit Drug Producing Countries for Fiscal Year 2020” se describen los objetivos internacionales de combate al narcotráfico por país. En este documento de agosto, el gobierno estadounidense insta a México a redoblar los esfuerzos internos y ofrecer cooperación para el combate a los carteles. De no generar cambios para 2020, consideraría que México habría fallado en cumplir sus compromisos de combate a las drogas, principalmente respecto a la amapola.
Pero los ataques a los LeBarón, provocaron que miembros de esta familia y otros miembros de la comunidad mormona solicitaran que el Presidente Trump considere que los carteles “son terroristas y es tiempo de reconocerlo”. Esto ha llevado a Trump a señalar en diversas ocasiones que planea tomar acciones respecto a los cáteles en México. En una entrevista en el programa del conservador Bill O’Rilley, Trump señaló que ha estado trabajando en un proceso para designar como terroristas a estos grupos durante los últimos 90 días. La oferta que realizó al gobierno mexicano para intervenir fue rechazada, pero «en algún momento hay que hacer algo». Es importante destacar que la designación de «terrorista» implica la persecución criminal dentro de los Estados Unidos, así como el bloqueo de cuentas y el acceso al país, pero también una investigación internacional más activa como parte de las acciones de seguridad nacional estadounidense.
Tom Wainwright, editor de The Economist, en su libro Narconomics describe que los cárteles con frecuencia poseen más recursos que los Estados para controlar un territorio. Las organizaciones criminales trabajan en un entorno global que les permite acceder a recursos que compiten con los de los pequeños gobiernos locales. Así, es posible estudiar a estas organizaciones de la misma forma como se estudia a las empresas multinacionales, pero recurriendo a la violencia como una forma de controlar territorio y cumplir reglas.
Este poderío es el que ha llevado a que exista esta amenaza y a que, destacados columnistas como Francisco Martín Moreno, interpreten el sentir de miles de mexicanos que, al igual que lo que escribió en su columna esta semana, se pregunten “… ¿No queremos ver a los marines paracaidistas caer sobre territorio mexicano ni deseamos que nos apliquen sus “leyes patrióticas”? Entonces diseñemos y ejecutemos de inmediato una estrategia con nuestros militares y Washington y abstengámonos de insistir en los “abrazos, no balazos que solo generan burla e ira, tanto en México como en el extranjero…”
La conclusión, a mi parecer, es que la amenaza de que un día se nos diga “the United States think…” es real y de consecuencias muy graves, aunque, paradójicamente, quizás bien vista por muchos mexicanos que ven esto como un ejemplo de grandes males, grandes remedios.

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