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‘El feminismo arrasa como un tsunami’: Luisa Valenzuela

By on 2 diciembre, 2019

La felicidad del libro, de la lectura, es el hallazgo del propio camino”, afirmó ayer la escritora argentina Luisa Valenzuela en la conferencia magistral que tituló Las letras, verdadero espacio de libertad, con la que abrió el Salón Literario de la 33 Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

Lo leído y lo escrito… caminos paralelos que se cruzan y se complementan. Toda escritura, quizá sobre todo la de ficción, es una forma de lectura de la realidad… Cada obra literaria es una apertura al mundo y, sin ofrecernos soluciones predigeridas, nos brinda herramientas para encontrar respuestas por cuenta propia”, agregó.

La novelista y cuentista de 81 años aclaró que “en los libros nos esperan las utopías, los sueños concretados y los que vendrán, aquello que descubrimos que sabíamos aun sin saberlo, hasta las respuestas absolutamente individuales”.

Hizo un elogio del libro impreso, “batería recargable desde lo espiritual”, que se puede leer sin depender del Wi-Fi ni siquiera de la luz eléctrica. “Démosle libre curso a nuestra capacidad indagatoria, nuestra curiosidad, nuestro espíritu de rebeldía, para enfrentarnos a las fuerzas reaccionarias y dogmáticas que pretenden regir nuestro mundo”, indicó.

La también ensayista está convencida de que hoy vivimos en un mundo en movimiento constante, arrollador. “Sin embargo, detenerse a leer, sumergirse en un libro, no significa perder la marcha, sino acercarnos a una comprensión de aquello que de otra forma arrasaría con nosotros”.

Aclaró que no la mueve a escribir novelas o cuentos la necesidad de contar historias, ni un afán de catarsis o de expiación. “Es apenas un loco intento de ir en busca de aquello que sabemos perdido de antemano. Lo que no puede ser dicho, pero empujará los límites de lo decible”.

La primera mujer en ganar el Premio Internacional Carlos Fuentes a la Creación Literaria en el Idioma Español destacó que a lo largo de décadas se ha hablado de un cambio de paradigma. “Parecería que en estos momentos estamos viviendo tal cambio, entre fascinante y aterrador, que implica salirse de este status quo del aquí y ahora, del ‘lo quiero ya’. Estamos con un pie en otra era y esta nueva era, en toda su convulsión, nos trae también vientos de esperanza”.

Quien escribió su primer cuento, Ciudad ajena, a los 17 años habló también de la “imparable” fuerza que han cobrado las mujeres, junto con la aceptación de las diversidades. “La quinta ola del feminismo arrasa como un tsunami. Las mujeres en masa salen a las calles a reclamar por sus derechos en forma pacífica, pero contundente”.

Y defendió el lenguaje inclusivo. “Alentemos la irreverencia y la transgresión. La literatura nos lo ha enseñado siempre. Ha llegado la hora de asumirlo plenamente en nuestra habla cotidiana. Reconocer y aceptar las diferencias, irles dando nombres que se irán ajustando, precisando, como una forma más de ingresar a un futuro transformativo, enriquecedor”.

Pero, más allá de la gramática, aseguró Valenzuela, “nos conmueven las identidades en movimiento”. “En estos tiempos mutantes y acelerados, géneros literarios y géneros sexuales se confunden o imbrican”, dijo y contó que en la región del Istmo de Tehuantepec hay tres géneros que conviven alegremente: hombres, mujeres y muxes, “una tercera clasificación reconocida y celebrada desde la época prehispánica”.

La autora de las novelas Hay que sonreír (1966) y Realidad nacional desde la cama (1990) evocó el caso de las mujeres de los territorios ancestrales de Bolivia, “mujeres poderosas del arcoíris”, según su propia definición, que ponen el cuerpo en defensa de quien consideran su líder natural, y alzan la voz y proclaman su “palabra florida”, su “sentipensar”. “La cultura milenaria y la actual se dan la mano en estos nuevos tiempos”.

Al terminar su conferencia, en un acto cálido, Valenzuela recibió de manos de la periodista Silvia Lemus, viuda de Fuentes, la Medalla Carlos Fuentes, instituida por la feria para honrar la memoria del autor de La región más transparente.

Entre abrazos y recuerdos, las dos amigas evocaron la convivencia que tuvieron cuando el narrador vivía, a quien Valenzuela conoció en París, en la casa del pintor Fernando Botero a principios de los 70 del siglo pasado. Tras colgarle la medalla, Lemus le recomendó: “Cuídala mucho, guárdala bien, porque es de oro”.

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