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¿Nadie sabe para quien trabaja?

By on 31 octubre, 2019

Cultivo de amapola en nuestro país

Definitivamente no aplica este popular dicho al hablar del cultivo de amapola en nuestro país, puesto que hace muchos años que lo tenemos muy claro. Aunque no todo mundo conoce esta historia, algunos saben que fue en la Segunda Guerra Mundial cuando dimos un impulso definitivo al cultivo de la precursora de la heroína. Para entender la geografía y el papel de Estados Unidos respecto al narcotráfico en relación con México, es necesario observar el momento en el que la producción en México se dispara. Si bien la producción de amapola y otras drogas, así como los contrabandistas que las vendían en Estados Unidos, existían desde principios del siglo XX, no es sino hasta la Segunda Guerra Mundial cuando la producción crece a una escala sin precedentes. Durante esta época, la región del Triángulo Dorado entre los ríos Yaqui y Mayo aumentó drásticamente su producción para satisfacer la demanda estadounidense de morfina medicinal para sus combatientes. Las secuelas de este aumento en la producción definieron el mercado mexicano hasta nuestros días.
Estados Unidos prohibió por primera vez la producción y el uso recreativo de heroína y cocaína en 1914, y 10 años después la marihuana. Hacia 1930, estas prohibiciones fueron acompañadas de una institución de vigilancia: el Federal Bureau of Narcotics, antecedente de la actual Drug Enforcement Administration (DEA). Este organismo, adscrito al Departamento del Tesoro, vigilaba la importación y aranceles que se cobraban a la entrada de drogas, y que sus fines fueran médicos e industriales.
Pero México seguía una política casi opuesta en 1940. El gobierno de Lázaro Cárdenas emitió ese año el Reglamento Federal de Toxicomanías. Este definía a los adictos como objeto de atención del sistema de salud y no como criminales, eliminando algunas penas vinculadas. Se establecieron clínicas y dispensarios para venta y compra de pequeñas cantidades de marihuana, cocaína y heroína, para rehabilitar gradualmente a quienes asistían. La morfina del sistema de salud se vendía a 3.20 pesos el gramo, mientras que, según la BBC utilizando periódicos de la época, en el mercado ilegal, tenía precios de hasta 50 pesos. Esto redujo los arrestos por delitos de posesión de drogas. Pero tras seis meses, la legislación fue anulada.
En los años previos a la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos presionó a México para armonizar sus reglas respecto a las drogas. Al comenzar la guerra, el gobierno estadounidense se debatió entre crear una zona libre de drogas a su alrededor o fomentar el cultivo de amapola en México. La decisión ante el experimento de 1940 fue presionar al gobierno mexicano para que sólo se dedicara al cultivo. Con el objetivo de que México adoptase una regla similar a la estadounidense, amenazó con un embargo de importaciones de amapola y exportaciones de morfina estadounidense.
Simultáneamente, la Segunda Guerra Mundial presionaba a los Estados Unidos para obtener más amapola para producir morfina medicinal para sus combatientes. El Congreso estadounidense aprobó la Opium Poppy Control Act de 1942 que prohibía la producción de adormidera, excepto bajo licencia del gobierno. Pero más importante para nuestro país, definía poderes de emergencia para controlar el flujo de drogas lícitas en interés de la defensa nacional.
Guillermo Valdés Castellanos en su libro “Historia del Narcotráfico en México” señala cómo periodistas e historiadores han buscado trazar un acuerdo secreto entre los gobiernos de Estados Unidos y México para aumentar la producción de amapola. Héctor Aguilar Camín, en su columna “Narco Historias extraordinarias” en Nexos, relata cómo este acuerdo pudo incluir la cooperación de agrónomos estadounidenses para aumentar la producción, lo que llevó a pueblos de la sierra a una transformación profunda. El documento nunca se ha hecho público, pero lo que se puede observar es el enorme incremento en la producción y las importaciones de amapola proveniente de México.
Los suministros tradicionales de la amapola de los países asiáticos (Turquía, Afganistán, India y China) se habían cortado por la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico. La política estadounidense buscaba nuevas fuentes en las importaciones de amapola mexicana para que ésta se procesara en Estados Unidos con fines médicos. El Departamento del Tesoro estadounidense reportó un incremento de 300% en las toneladas de opio importadas desde México entre 1942 y 1943.
La amapola desplazó a otros cultivos como manzana, maíz y tomate en la región del Triángulo Dorado, la zona montañosa entre los estados de Sinaloa, Durango y Chihuahua. Esto alteró la producción, pasando de un cultivo disperso a una operación a gran escala, en la que los grupos productores estaban con frecuencia coludidos con agentes del gobierno. Pueblos enteros, como Badiraguato, sufrieron una profunda transformación, volviéndose el centro del mercado de cultivo de amapola. Esta situación se mantuvo durante las guerras de Corea y Vietnam.
Al terminar la Segunda Guerra, el gobierno mexicano emprendió una agresiva política para reducir su producción mediante la destrucción de cultivos. Sin embargo, este aumento disruptivo en la producción de drogas en México ya había tenido efecto. La política de la región se enfrentaba a un conflicto en una escala que no había visto antes, culminando con el asesinato del gobernador de Sinaloa, Rodolfo T. Loaiza, en 1944.
Las redes paralelas de contrabandistas que traficaban los narcóticos en algunos puntos de la frontera como Ciudad Juárez se vieron fortalecidas. Estas redes formarían a los grupos del crimen organizado. El investigador Luis Astorga relata cómo el Bureau antinarcóticos estadounidense trazaba después de la guerra las actividades de la mafia italiana y sus vínculos con los productores mexicanos. Según Valdés Castellanos, no es coincidencia que el “Chapo” Guzmán, nacido en 1957, sea producto de este ambiente.
Y como él, muchas otras personas y organizaciones que sólo (mágicamente) delinquen aquí, no únicamente con drogas, sino con armas para matar a los propios mexicanos. Nada nuevo bajo el sol en más de un siglo: Las drogas, las armas y los muertos. ¡Negocio redondo!

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