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‘Inchi farofe’, nuevo libro de Francisco Hinojosa

By on 23 agosto, 2019

Con la publicación de Inchi farofe, el escritor Francisco Hinojosa (Ciudad de México, 1954) recrea el nacimiento de una palabra y sus múltiples significados. También cuestiona si en verdad existen las malas palabras y advierte que las academias de la lengua no controlan ni rigen los significados, porque cada palabra tiene vida propia y es alimentada por la imaginación de los hablantes; como en el caso de “pinche”, que se convierte en “inchi” y luego en “farofe”.

“Farofe” es la palabra que Óliver Valencia, un niño de 12 años, inventa para sustituir a “inchi”, luego de que su abuela lo amenzara con dejar de invitarlo a su casa para comer sus platillos tradicionales si continuaba usando aquella palabra, que le parecía bastante altisonante.

Esta historia nació hace más de 15 años, explica el autor, “y surgió bajo una idea simple: escribir un título para niños que tuviera una ‘mala palabra’, si es que existen las buenas y las malas palabras.

Hasta que encontré la manera de darle la vuelta. La idea es que se apropien del lenguaje no sólo los niños, sino todos los hablantes, porque los hablantes son los dueños de las palabras, no los académicos ni las personas que hacen los diccionarios. También quería expresar esa flexibilidad que hay en las palabras, que pueden significar muchas cosas o no significar nada”, detalló en entrevista con un Diario de circulación nacional.

La idea creció luego de que Hinojosa leyera un artículo de Guillermo Sheridan sobre los distintos usos de la palabra “pedo” en México, publicado en la revista Letras Libres de marzo de 2010.

Cuenta que encontró 25 acepciones distintas para ‘pedo’ en México; donde también tenemos la palabra ‘pinche’, que es una de las más propias del español, porque en el diccionario encontramos que significa ayudante de cocina. El libro plantea el juego que puede haber con las palabras y otorgarle al hablante la posibilidad de decidir su significado”, agrega.

En este título, ilustrado por Rafael Barajas El Fisgón, no sólo se aborda la creación de palabras, sino de sus significados.

Cuando yo era niño, la palabra ‘buey’ se utilizaba para señalar que alguien era ‘animal’ o ‘asno’; pero eso ha cambiado con la ortografía a ‘güey’ o ‘wey’ y ya tiene otro significado: amigo entre pares. Eso también es darle la vuelta, porque las palabras van cambiando, van significando otras cosas, así que se trata de un ente totalmente vivo”, comenta el autor de La peor señora del mundo.

Las palabras pueden ser un juguete o un instrumento lúdico, porque significan muchas cosas. Y ese significado puede ser grave, ofensivo o divertido; como la palabra ‘gordo’, que puede ser algo ofensivo o dicha con cariño a alguien. Esos distintos significados y el peso que le damos a las palabras es el fondo de este libro para niños, que también veo para los adultos”, añade.

CRÍTICA A LA ACADEMIA

Publicado por el Fondo de Cultura Económica, el título también hace una crítica a los académicos de la lengua, dibujados con pantuflas de cocodrilo y conejito.

La idea sirve para decir que (los académicos) van más atrasados que los cambios de la lengua, que de alguna manera están durmiendo. Así que ya están en pantuflas, porque no les interesa la cosa. Es una crítica que no se basa en la realidad, porque ellos trabajan mucho; pero sí tienen que estar detrás de las palabras.

Lo interesante es que al encontrarse una palabra como ‘farofe’, que no significa nada, o lo que el hablante quiere, sirve para poner en entredicho la función de las academias de la lengua, porque si esta palabra puede significar cualquier cosa… entonces, ¿cómo la defines?”.

¿Qué entiende usted por un diccionario?, se le cuestiona. “Un diccionario es muchas cosas. Siempre lo he consultado y he estado cercano a personas que se dedican a las palabras; especialmente al diccionario de mexicanismos, un proyecto con más de 40 años, que ya tiene varias adiciones y se están capturando esos significados que sólo el español de México tiene; es una labor interesante y un instrumento que nos sirve para comprender las palabras”.

¿Qué opina de las palabras que caen en desuso y desaparecen? “Hace tiempo escribí Léperas contra mocosos, que también tenía la intención de hablar sobre las malas palabras y las otras, las inventadas. Recuerdo que, en mi infancia, la palabra ‘lépera o leperada’ aludía a alguien grosero. Pero esa palabra casi ha desaparecido y podría decir que un niño de nuestro tiempo ya casi no la entiende.

Sí, hay palabras que desaparecen, pero también hay muchas que se van añadiendo todos los días, gracias a la tecnología, las cuales vamos tomando de las distintas lenguas; aunque casi siempre nacen del inglés y las vamos incorporando a nuestro lenguaje y haciendo verbos con ellas, como chatear y googlear, que son palabras de uso común y que no existían hace algunos años”, dice.

¿Qué opina del lenguaje inclusivo? “Existe esa discusión acerca de si debe hablarse en femenino y masculino, como cuando uno dice ‘señoras y señores’, ‘niños y niñas’. Bueno, los académicos dicen que no, pero yo creo que cada quien tiene una razón para usarlo; puede ser demagógica o de equidad, pero eso es cuestión del hablante y no de quien nos diga cómo debemos hablar”.

¿Usted lo utiliza? “Según el contexto. No puedo preguntarle a alguien: ¿cómo están tus hijas e hijos?, pero en ciertos contextos, cuando hay un auditorio, puedo, en algunas ocasiones, referirme así y ser inclusivo”, indica.

 

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