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Impacto del dejar de fumar y menor riesgo de aparición de artritis reumatoide (Liu X et al. Arthritis Care Research 2019; 71: 914–24)

By on 6 agosto, 2019

La artritis reumatoide (AR) es la poliartritis crónica más frecuente, de alta prevalencia en la población y que en su historia natural puede ser devastadora, con limitación funcional y menor supervivencia, con aumento problemas cardio y cerbrovasculares; es más frecuente en mujeres (3 por cada hombre) en edad productiva y reproductiva y tiene fondo autoinmune, frecuentemente con producción de anticuerpos, los que demarcan la enfermedad y condicionan daño.

El fumar es uno de los más importantes factores asociados a la presentación de AR, particularmente relacionado con factor reumatoide (FR) y anticuerpos citrulinados (aCCP); el fumar también se asocia a mayor gravedad y progresión de la enfermedad.

Estudio en Suecia sugirió que a mayor tiempo de haber suspendido el hábito de fumar, menor presentación de AR, ante lo que los autores estudiaron dos cohortes de mujeres enfermeras NHS (1976 a 2014) y NHS II (1989 a 2015) en seguimiento por 38 años. Entre 230,732 mujeres, desarrollaron AR 1,528 (63.4% positivas en suero a FR y/o aCCP: “seropositivas”) en 6,037,151 personas-año de seguimiento.

Continuar con hábito de fumar en comparación con población que nunca fumó, aumentó el riesgo de presentar AR en 47% y para AR seropositiva en 67% (p<0.0001); el dejar de fumar, disminuyó el riesgo y fue particularmente notable para la AR seropositiva; al comparar los que tenían menos de 5 años de haber suspendido el hábito de fumar y aquellos con más de 30 años de suspensión, el riesgo disminuyó 37%, aunque el riesgo de AR todavía fue levemente mayor al compararse con los que nunca fumaron (25%).

Es importante enfatizar que la AR puede detenerse, alcanzar baja actividad, remisión completa del padecimiento y hasta desaparecer con tratamiento adecuado, lo que resulta en mejores desenlaces mientras más oportuno sea el tratamiento.

Polución del aire y enfermedades autoinmunes (Zhao CN et al. Autoimmunity Reviews 2019, doi.org/10.1016/j.autrev.2018.12.010)

Las enfermedades autoinmunes (AD) afectan por lo menos al 5% de la población Mundial, se caracterizan por pérdida de tolerancia y activación exagerada del sistema inmune, el que a través de nuestras propias células y anticuerpos nos condicionan daño, tal y como ocurre en lupus eritematoso generalizado, artritis reumatoide, esclerosis múltiple, diabetes mellitus tipo 1, encefalitis autoinmune y síndrome de anticuerpos antifosfolípidos, por mencionar algunas.

Ha aumentado la atención y
conocimiento de cuáles factores ambientales participan como
estímulo o factor desencadenante para el desarrollo de las AD
(hasta en 40-70%).

La polución del aire incluye componentes sólidos, líquidos y gaseosos, de fuentes principales como la industria, vehículos e incendios forestales, por mencionar algunos, los que incrementan partículas (biológicas, químicas, minerales y metales, PM <10 y <2.5 mm) y mezclas de gases (monóxido de carbono, dióxido de nitrógeno, ozono y dióxido de sulfuro), estimulan al sistema inmune con subsecuente imbalance de linfocitos reguladores, liberación de substanciasreactivas de oxígeno, producción de anticuerpos y citocinas (factor de necrosis tumoral alfa TNFa e interleucinas IL1, IL-6, IL-8, IL-12, IL-17, IL-23, etc.).

La polución activa enzimas, una de ellas, la PAD4 conduce a la producción de auto-anticuerpos. La vía del receptor de hidrocarbono aril, participa en el proceso inflamatorio y respuesta inmune de las AD. De tal manera que la polución del aire participa en el desarrollo de AD a través de inflamación crónica. El pulmón es órgano de inicio de algunas de las AD, hay estímulo para producción de interleucinas y aumento de citocinas que incluyen a la IL-17 y células T reguladoras que participan en AD, además, el estrés oxidativo y el tejido linfoide bronquial influyen sobre células inmunes y autoanticuerpos.

Trayectoria de personas de edad avanzada sanos y estilo de vida saludable en México (Descalopoulou C et al. Scientific Reports 2019; 9:11041)

El aumento en la esperanza de vida resulta de avances médicos y tecnológicos, que han mejorado las condiciones sociales y ambientales. La población de edad avanzada se asocia a riesgo elevado de enfermedades no transmisibles como las crónico-degenerativas. México tiene pronóstico de crecimiento hasta del triple en el número de personas mayores de 65 años para el 2050, lo que aumentará lo que ya desde la actualidad determina un cambio en la proporción de enfermedades transmisibles a las crónico-degenerativas, estas últimas que van en aumento, tales como enfermedades cardiovasculares, cerebrovasculares, diabetes, hipertensión, Parkinson y Alzheimer, osteoporosis y osteoartritis, por mencionar algunas.

Los autores analizaron datos de 14,143 adultos de acuerdo a la concepción de capacidad funcional de 2001, 2003, 2012 y 2015, a través de análisis Bayesiano (para similitudes) del impacto de la actividad física, tabaquismo y alcohol, con cuatro clases latentes: altamente estables, moderadamente, estabilidad baja y decadentes. El grupo que no realizó actividad física, que se mantuvo con hábito de fumar y era abstemio, fue el que tuvo peor deterioro o declinación.

Lo anterior evidencia que los estilos de vida saludables pueden inducir mejores resultados en capacidades funcionales.

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