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Obra: México

By on 5 julio, 2019

Potosino de nacimiento cabeño por adopción y arquitecto de por vida. Pienso que la participación en la sociedad es un compromiso y las letras son una oportunidad

Hace poco más de un año se iniciaron los trabajos de excavación con la idea de construir de México un edificio inteligente. Dicha excavación desgraciadamente solo está sirviendo de fosa común a tantas instituciones, tantos proyectos y programas ya en funciones con fallas de operación, sí, con diagnóstico de cáncer por la corrupción, también, pero las acciones tomadas, además de radicales e improvisadas como la ciclovía, nos llevan sin dudarlo a un colapso estructural en donde solo existen dos caminos: esperar el colapso o demoler lo avanzado e iniciar de nuevo. En ambos casos y hablando en términos de construcción nos lleva sin duda a un atraso en el programa además del daño económico subsecuente. Al parecer a nuestro director de obra, que de seguro tiene otros planos, no le interesa tener controlados los gastos o bien, controlarlos a su manera sin importar las secuelas.
Dudo que estemos hablando de la misma obra.
Como merolico de feria se cambia el dinero de una bolsa a la otra. Esa columna sale sobrando, mejor ese dinero se lo invertimos en teja y remates de cantera con un busto de Benito Juárez al frente. Se va a ver chulo de bonito. El cemento: habrá que reducir el consumo y de esa manera no seguirle llenando los bolsillos a esas empresas “fifís”. Dicen los que saben que el concreto avisa antes de caer, no le veo problema. Antes los techos se hacían de bóveda de ladrillo, así que, si nos ahorramos varilla, con ese dinero podemos crear el Instituto para devolverle al pueblo lo robado por el redondeo en el Oxxo.
Sabemos de antemano que la industria de la construcción es, si no la más grande, si se ubica entre las que más generan en términos de empleos. Aporta eficientemente a los índices de empleos con información generada en el registro de el Instituto Mexicano del Seguro Social. No veo el empuje necesario al sector. Según el PEF (Presupuesto de Egresos de la Federación 2019) solo el 70% estarían etiquetados para obra pública sobre una inversión física que representa solo el 2.7% del PIB y no del 5% considerado como aceptable*. Ustedes dirán: ¿y que con eso? Se los explico con manzanas: los que nos dedicamos directa o indirectamente a la industria de la construcción la vamos a pasar muy mal, mucho más que si Andresito hubiera ido al G20. Dicho de otra manera: nos está llegando el sargazo a los aparejos.
*Fuente CMIC
Las perdidas por la cancelación del aeropuerto de Texcoco se calculan en algo así como 100 mil millones de pesos (hay meses que no los saco) y si es más fácil representarlos con casas de Infonavit de 80 m2 construidos estaríamos hablando de 125 mil viviendas. El abismo es más grande que el que existe entre suegra y yerno; entre el Papa y Hitler; entre Fernández Noroña y el resto del País, (perdón me resbalé… no tanto) porque por el lado del aeropuerto se habla de pérdidas y por el otro se trata de beneficios a 125 mil familias con techo seguro además de los empleos directos e indirectos que representa desarrollar ese número de viviendas. Pero no se me preocupen, vamos requetebién.
Ya de salida les dejo lo que me encontré sin rascarle:
¡Cesad vicisitudes de la suerte y apiadaos de los hombres!
¡Que tristeza! ¡sobre la tierra ninguna recompensa es igual al mérito ni digna del esfuerzo realizado por alcanzarla!
¡Salgo de la casa a veces para buscar candorosamente la fortuna y me enteran que la fortuna hace mucho tiempo ya murió!
¿Es así, ¡oh fortuna! como dejas a los sabios en la sombra para que los necios gobiernen el mundo?

Historia del Pescador / Las Mil y Una Noches.

@barrerArq

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