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¿No hay Trump que por bien no venga?

By on 20 junio, 2019

Como resultado de amagos, nos llenamos de información sobre la magnitud del fenómeno migratorio.

Yo creo que la mayoría de los mexicanos coinciden en que la llegada de Donald Trump a la presidencia de los EUA es lo peor que le pudo haber pasado a México. Una verdadera calamidad o la personificación del mal. Y el último “incidente” que vivimos a partir de la amenaza de fijar aranceles a todas nuestras exportaciones a aquel país, acredita esa idea ampliamente compartida.
Sin embargo, ahora que, como resultado de esos amagos, nos llenamos de información sobre la magnitud del fenómeno migratorio y tomamos conciencia de lo que significa esta verdadera crisis humanitaria, me pregunto si no estaremos en una situación como aquella a la que alude el popular dicho que reza “No hay mal que por bien no venga”. Concretamente, me refiero a que pareciera que sólo gracias a este episodio trumpiano tomamos conciencia y nos movilizamos para atemperar, reducir, o resolver el problema enorme que constituye este flujo humano proveniente de otros países (ojo, ahora ya no solamente centroamericanos, sino hasta de africanos).
Nos cuenta el canciller Ebrard que fue recibido en Washington por altos funcionarios estadounidenses, quienes le expresaron su preocupación por una tendencia creciente de migrantes, la cual se ha acentuado entre enero y mayo de 2019. Específicamente, nos dice que el vicepresidente Pence señaló que, en mayo, el número de aprehensiones aumentó cerca de 40,000 personas para alcanzar las 144,000 aprehensiones en un mes, lo que representa un incremento del 32% respecto al número de aprehensiones efectuadas en abril de 2019. De éstas, 100,000 personas eran menores no acompañados y familias. Personas estas que, seguramente, cruzaron todo México y por lo visto, nos pasaron de noche.
Solo para darnos una idea de la gravedad del dato, imaginemos que ese número es similar al de la población de ciudades como Zacatecas (Zac), San Pedro Garza (NL) o la Alcaldía de Milpa Alta (CDMX). De mantenerse esa tendencia, en un año podríamos estar hablando de alrededor de un millón de personas. Ello nos indica que este problema migratorio bien podría considerarse el reto más grande y complejo que enfrenta nuestro país, el cual, debido a lo acordado con el gobierno de Trump, se ha comprometido a reducir el flujo migratorio y a dar resultados que se aprecien dentro de 45 días. So pena de que, de no lograrlo, los Estados Unidos retome la idea de aplicar los mentados aranceles.
Así las cosas, el problema que debería ser de nuestro país vecino, pues es ahí a donde quieren llegar la mayoría de los migrantes, se vuelve un problema de México. Ya sea por haber asumido el compromiso de detenerlos y deportarlos a sus países o por la posibilidad de que crezca la cifra de personas que deberemos recibir (y mantener en México) durante el plazo que tome su proceso de asilo en los EUA. ¡Menudo paquete el que nos vimos obligados a tomar!
Vienen a mi mente dos tristes anécdotas que ayudan a entender el vía crucis de quienes intentan cruzar nuestro país o la frontera con los EEUU. La primera, vivida por mi hija Jimena, quien, después de llevar a cabo trabajo social en el estado de Chiapas, regresó a la CDMX en autobús y pudo constatar la forma en que, reten tras reten, los inmigrantes eran saqueados hasta dejarlos sin un centavo, para deportarlos después. Me narró como, en el primer retén, en el que eran bajados todos los pasajeros del camión y requeridos sus papeles, detectaban a los ilegales, a quienes pedían una “mordida” para dejarlos seguir. En el siguiente retén, ya solo se iban sobre los ilegales, a los cuales, seguramente por información que telefónicamente o por radio recibían de sus propios compañeros, tenían perfectamente ubicados. Y así hasta el último punto de revisión, en donde ya sin dinero que repartir, eran detenidos y deportados.
La otra sucedió a un familiar de una chica que trabajaba con nosotros en casa quien, siendo yo alto funcionario público, un día me abordó y con lágrimas en los ojos y una gran angustia, me comentó que su hermano había contratado los servicios de un pollero y que había pagado una importante suma de dinero para que lo pasara al otro lado. Aparentemente ya en territorio americano, había sido encerrado en alguna bodega y ahora los traficantes reclamaban el envío de una suma igual a la anterior, a cambio de liberarlo.
De inmediato le agradecí que me lo comentara, pues sin lugar a duda, con apoyo de mis compañeros de gabinete, seguramente podríamos poner un cuatro a este grupo y descubrirlos para que recibieran su merecido, salvando a su hermano. Gracias, Lic., me dijo, se lo comento a mis papás. Unas horas más tarde, me dijo, para mi frustración, que la familia agradecía mucho mi oferta, pero que preferían pagar lo que les solicitaban. En los varios años que estuvo por allá, envió mucho dinero que benefició a toda la familia.
Volviendo al acuerdo con los gringos, el resultado de estas negociaciones será evaluado 45 días después de concluidas, por lo que México tiene que diseñar controles migratorios, en los que contempla la participación de la recién creada Guardia Nacional. El 14 de junio, el Secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard anunció la entrada en vigor del Plan de Desarrollo para Centroamérica, orientado a fomentar la recaudación y la inversión privada en la región.
Las detenciones en la frontera estadounidense reportadas por la oficina de Customs and Border Protection ascendieron a 144,278 al cierre de mayo de 2019. Esto representa un aumento de 178% respecto a las detenciones en el mismo mes de 2018. Esta tendencia al alza comienza en enero de 2019, donde cada mes se suman 20 mil detenidos adicionales. Las detenciones en la frontera con Tamaulipas y en El Paso vieron incrementos de 106% y 54% respectivamente. A pesar de este rápido crecimiento, las detenciones se mantienen por debajo del máximo histórico de 856,228 aprehensiones ocurridas en el año 2000.
El origen de estos detenidos está cambiando, donde los no mexicanos superan a los mexicanos. Por tercer año consecutivo, los no mexicanos representaron el 62% de las detenciones en todo el año fiscal 2018, según Pew Research. Un gran cambio respecto al año 2000, cuando las detenciones de mexicanos representaban 98%. El Salvador, Guatemala y Honduras representaron la mayor parte de las detenciones, con 115,722 aprehensiones de ciudadanos de Guatemala, 76,513 de Honduras y 31,369 de El Salvador al cierre de 2018.
El sur y este de Asia se está convirtiendo, junto con América Latina y el Caribe en la región de origen principal de los inmigrantes recién llegados. Los latinoamericanos representan el 38% de los inmigrantes estadounidenses que han llegado en los últimos cinco años, en comparación con el 35% de Asia. Esto ha cambiado desde 2010, cuando los inmigrantes de América Latina (48%) representaron una proporción mucho mayor de recién llegados que Asia (30%).
Hasta ahí algunos datos y dos historias para ilustrar la complejidad de lo que nos espera. Ante ella, coincidiendo con el gobierno mexicano en esta ocasión, estoy seguro de que solo el desarrollo de los países centroamericanos y del sureste del nuestro, podrán representar una verdadera solución. Por lo pronto, increíblemente gracias al Sr. Trump, parecería que tomamos conciencia del tema y de la amenaza que representa.
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