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Paty Guerra y el hombre de la noche

By on 17 junio, 2019

De niña, Paty Guerra miraba las olas y se preguntaba qué había del otro lado del mar. Pronto le crecieron los brazos y piernas y descubrió otros países. Se convirtió en nadadora de largas distancias. Un ejemplo: cruzó el Canal de La Mancha.

Marcos Velázquez quedó ciego a los 14 años de edad, de eso ya pasaron tres décadas. Y así, sin mirar los rumbos, se convirtió en corredor, ciclista y al final un triatleta que puede presumir de haber realizado el Ironman en distintos rincones del mundo.

Hace un año, el destino los juntó en un cruce a nado de Cancún a Islas Mujeres. Él no lo notó, pero Patricia Guerra lo observó y se dio cuenta que ambos podrían nadar unidos por un arnés y en beneficio de muchos chiquillos que, como Marcos, carecen de la vista.

Paty Guerra es directora de la Fundación KIO Networks y tuvo la idea de realizar un nado en aguas abiertas, de Balandra a Costa Baja, en el Mar de Cortés. Serán 15 kilómetros el próximo 26 de julio, unida por un arnés, de metro y medio, con Marcos Velázquez. ¿La causa?: Una brazada, una visión a la vida, con la que se pretende beneficiar a 200 jóvenes estudiantes ciegos y débiles visuales, de 10 a 15 años, que son parte del programa Ilumina.

Proporcionar computadoras y material didáctico especiales para estos niños, procedentes de Oaxaca, Veracruz, Yucatán, Guerrero, Baja California, Puebla, Michoacán, Tabasco, Campeche, Ciudad de México y el Estado de México.

Paty comenta que se puso en contacto con la reconocida nadadora de largas distancias, Nora Toledano, quien de inmediato la puso al teléfono con el amigo Marcos Velázquez. Quería convencerlo de hacer esta travesía juntos, en la que se tiene planeado buscar el apoyo de recaudar 50 pesos por brazada.  Paty hace cuentas y calcula que “serán unas 68 mil brazadas entre ambos”, en un trayecto que se espera realizar en unas seis horas.

Cuando conocí a Marcos, supe de inmediato que él era el indicado para realizar este proyecto. Me tardé mucho en convencerlo: dos minutos”, comenta Paty, quien mira de reojo a Marcos, mientras sonríe.

Ella explica que Marcos es un atleta que la incomoda, “porque me saca de mi zona de confort. Es un hombre que olvidó la palabra no. Siempre te hace ir para adelante”.

Marcos revira y dice: “Nadar junto a alguien que ha cruzado el Canal de la Mancha intimida, pero al mismo tiempo te da confianza saber que será tu guía. Será tus ojos en el mar durante seis horas. Yo creo ciegamente en Paty”.

Se les pregunta si les han dicho que están locos. Sonríen y, cada quien en su momento, responden que siempre.

Paty nada del lado izquierdo, trata de llevar el ritmo de Marcos, a quien está unida por un arnés de metro y medio. Le da algunas indicaciones y se da tiempo para cantar. Le da por cantar cuando nada sola. De hecho se convierte en un repertorio cantante de temas como los que interpretan los grupos Caló y los Ángeles Azules.

La curiosidad por conocer qué había del otro lado del mar la llevó a realizar largas travesías. La primera ocasión que cruzó el Canal de La Mancha fue en 2004, se convirtió en la tercera mujer mexicana en lograr los 32 kilómetros que separan a Francia de Inglaterra. Lo logró en 12 horas.

¿Qué hago durante tanto tiempo? Además de nadar sin tocar embarcación alguna, platico con Jesús, conmigo, pienso en la gente que quiero y en la que me puso obstáculos. Pienso mucho en mi hijo Daniel (20 años) y en el significado de estas travesías. Además, canto de todo. ¿Llorar?, mucho. En el mar ves todo negro, de pronto miras la arena y te da por llorar. También en el amanecer dentro del mar, cuando sale el sol. Te das cuenta que todo esto es creación de Dios”, comenta la nadadora de 47 años y 17 de hacer largas distancias.

Son tantos los trayectos como las lesiones que presume Paty. Una rodilla partida en cuatro, la espalda lastimada. “En una ocasión recibí dos aletazos de una ballena”, sin olvidar las caídas en bici. “Yo digo que existen los que ya se cayeron y los que se van a caer de la bicicleta. Lo importante es levantarse”.

A pesar de ser una nadadora de largas distancias experimentada, Patricia Guerra no deja de orar cada vez que intenta un cruce. “Le pido al mar que nos deje pasar”.

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Marcos utiliza unos goggles que le cubren la nariz. Paty le dice que se parece a Batman. El responde que es Marcos… el hombre de la noche.

Él perdió la vista hace 32 años, cuando tenía 14. “Me caí y me pegué en la frente, me fui a la casa (en el DF) sin decir nada. Fue un viernes, al lunes siguiente ya estaba en el quirófano. El doctor dijo que fue desprendimiento de retina total”.

Irónicamente, Marcos argumenta que el quedar ciego le abrió los ojos. Ese golpe me detuvo a ver la vida, a valorarla. Perder un sentido para darle sentido a mi vida”.

Hace seis años se fue a vivir a Playa del Carmen con su esposa Andrea y su hijo Lihu. Y Marcos comenzó a correr, andar en bici (doble con guía) y a nadar en el mar. Comenzó con un trote de cinco kilómetros y ahora ya ha realizado varios Ironman, nadar casi cuatro kilómetros, 180 kilómetros en bici y los 42.195 kilómetros del maratón.

No deja de tener los pies en el piso, pues asegura que hay mejores atletas que él. “En un triatlón me rebasó un señor de 85 años”.

También recuerda aquel triatlón en el que compitió con un guía al que le faltaba una pierna. “Imagina a este par en una bicicleta doble. Te das cuenta que como ser humano puedes hacer todo lo que quieras”.

El tiempo lo ha llevado a convertirse, además, en rehabilitador físico y conferencista. Platicar lo que significa nadar largas distancias sin mirar, imaginando un mar más profundo, desconociendo si hay algún animal cerca o si está cerca de la tierra.

Habla de sus sueños y dice que ya no son tan claros. “En mis sueños ya no veo los rostros y las imágenes son como las primeras fotos a color. Algo descoloridas”. Un sueño recurrente de Marcos es subirse a un coche y acelerar a tope. “De pronto, el parabrisas se pone negro y freno de inmediato”.

Dice que le gusta soñar, porque la vida “me da la oportunidad de volver a ver las cosas. Cuando me muera me llevaré muchas fotografías y así, a donde esté, mirar lo que ni pude durante tantos años”.

Marcos cuenta los días para que llegue el 26 de julio y nadar, unido a Paty Guerra, los 15 kilómetros desde Balandra hasta Costa Baja en el Mar de Cortés, en La Paz, Baja California Sur. Confiesa que el mar le impone demasiado respeto. “Me intimida. Lo que hago es visualizar el trayecto, respirar profundo, concentrarme y nadar largas horas hasta escuchar los gritos de mi esposa e hijo. Entonces me pongo a llorar como niño”.

Lo que miran Andrea y Lihu es a un hombre cuarentón salir del mar, con unos goggles que le cubren la nariz, como si fuera Batman. Para ellos es Marcos… el hombre de la noche.

 

 

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