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Adelanto editorial de ‘La lectura y la sospecha’

By on 20 abril, 2019

Estimado aspirante: una pulsión te consume, tienes la tentación irresistible de escribir y hasta has pensado que podría ser una profesión valiosa. Si te piden razones para la rara elección vocacional, acaso tendrás que acudir a motivos confusos, como esa sensación de pasmo y revelación que experimentas ante determinados textos o, tal vez, tus razones sean más concretas y mundanas, pues piensas que escribir brinda prestigio social, abundantes reflectores y sex-appeal.

En todo caso, debes sopesar con toda sinceridad la naturaleza de tu llamado, pues eso te ahorrará mucho tiempo y conflictos. Si aspiras al ascenso en el mundo literario, apenas tienes que leer y escribir: mejor utiliza tu olfato y competencias sociales; amplía tu círculo de influencias en todos los ámbitos (recuerda que la prominencia política o económica también es intercambiable en el medio literario); acude a tertulias, ofrece fiestas y cocteles; acércate a escritores influyentes, editores, críticos y agentes literarios; no dejes que nadie se te escape sin halagarlo, imponerle un manuscrito o solicitarle un favor; participa en mesas y presentaciones siempre con palabra ligera y elogiosa; lee periódicos y cultiva temas de actualidad e interés; multiplica, más que tus obras, tu presencia; satura y circula, y nunca te detengas en anacrónicas consideraciones de calidad o congruencia, pues para triunfar no importa que te lean, sino que te identifiquen.

Si, por desgracia, el motivo de tu vocación es menos práctico y, por ejemplo, escribirías pese a la falta de reconocimiento y satisfacciones inmediatas, si concibes la escritura como una advocación personal, o hasta una enajenación, entonces, pobre de ti, debes desarrollar otras destrezas.

En su juguetón libro, La creatividad literaria (Barcelona, editorial Ariel, 2013), José Antonio Marina y Álvaro Pombo indagan (en diálogo con grandes creadores y preceptistas como Valéry, Rilke, Proust o Eliot) en los temas de la vocación, la inspiración y la concreción literaria.

Para este dueto, la creatividad proviene tanto del entrenamiento persistente como de una suerte de gracia, tanto de lo rutinario de la técnica, como de lo insólito de la inspiración.

El enfoque creativo es una cualidad especial, pero puede aprenderse y hay una parte operativa que resulta fundamental. Crear es un hábito, aunque siempre renovado, que se compone de la ensoñación dirigida, la corrección consciente y hasta la errata afortunada.

Cierto, el oficio literario es indispensable, pero no suficiente y, acaso, una vez hecha la debida gimnasia, la gracia se digne, o no, a aparecerse. En todo caso, ya el oficio te brinda una base y, si no te visita jamás el genio, por lo menos podrás articular de mejor manera tus percepciones, reflexiones y emociones.

De modo que, sin desdeñar a la musa, acaso debas encomendarte a ese ente sistemático, nada afrodisiaco, que laboriosamente va forjando sus obras en la acumulación, la selección y la decantación.

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