Don't Miss

El correo de las señoras

By on 5 abril, 2019
  • En años pasados y por recomendación de Héctor Aguilar Camín en su columna de Milenio, entrépor medio de la página web de la UNAM a la Hemeroteca Nacional Digital de México. Desde aquí lanzo un eco general de dicha recomendación.

En ese apartado y después de ir y venir entre documentos históricos cibernéticamente resguardados, me llamó particularmente la atención un diario llamado EL CORREO DE LAS SEÑORAS, SEMANARIO ESCRITO EXPRESAMENTE PARA EL BELLO SEXO (así dice).
En un ejemplar de este semanario publicado el 4 de Noviembre del año 1883 se exhibe en primera plana un artículo de María del Pilar Sinués de Marco (novelista de origen español 1835-1893) titulado “VALOR FEMENINO” en donde menciona las líneas de comportamiento a seguir para el prototipo de una esposa y madre de aquel entonces, o al menos como las jerárquicas reglas sociales lo requerían.
Esto es, una mujer relegada de las participaciones laborales, académicas, políticas o cargo público alguno y destinada exclusivamente a las labores del hogar, espirituales, culinarias y de limpieza, todo ello con la única finalidad de resaltar ante la sociedad sus valores como buena esposa y madre.
Sin la mínima intención de caer en absurdos machismos me permito transcribir ciertos fragmentos:
“No es, por cierto, la cualidad moral que se lee al frente de estas líneas peculiar solo del hombre o necesaria únicamente al sexo fuerte; la mujer necesita también ser valerosa, y lo es muchas veces, si bien en una esfera más humilde y más silenciosa que aquél; porque todas las virtudes de la mujer – y el valor en ella es una virtud – brillan y deben brillar poco, y se desarrollan y lucen entre las paredes solitarias del hogar doméstico” (………..) y no hay que pensar que yo, al hablar del valor de una mujer, trato de que, como Judit quiera aquella libertar a la patria, o como
Juana de Monforte defender a sus Estados, o como Catalina de Médicis tener sujeta a su familia con un yugo de hierro. No; yo no he pensado jamás, al pensar en el valor de una mujer, en las guerreras, en las políticas, en las avaras, en las intrigantes, que en todas épocas han brillado en el mundo” (………) no ha menester el valor para seguir una carrera de áridos y monótonos estudios; no la necesita para manejar por sí sola sus negocios, para luchar con dificultades, para vencerlas.” (……….) “necesita el valor para sufrir como cristiana, para soportar las amarguras de la vida, y para separar de los suyos las espinas dejándoles ver solo las flores” (……….) “Mujeres valerosas necesita más que nada la sociedad: mujeres valerosas que se priven animosamente de las galas que pueden arruinar a su marido que se humillen ante los importantes, aunque al parecer fútiles cuidados del ama de casa: que se dobleguen a coser, a zurcir, a enseñar a su cocinera el modo de condimentar un plato y a arreglar sus habitaciones:, para defender las grandes cuestiones sociales, para hablar en la tribuna, para verter sangre en la guerra para las cátedras y otros elevados destinos están los hombres. Si algún día llega en que la mujer sepa desempeñar todas esas cosas y en que no le sea necesario el hombre, en ese día fatal habrán de recibir una herida de muerte el hogar y la familia; porque el prestigio de la mujer debe cifrarse en valer para las cosas insignificantes en la apariencia, pero que son en realidad el eje en que descansa el gran edificio de la dicha doméstica”.
Ciento treinta y seis años desde su publicación.
¿Cuánto hemos avanzado en términos del rol del género femenino en el hogar y la sociedad? Si bien es cierto que en esas épocas las normas a cerca de la función de la esposa se justificaban apoyándose en la tesis de que el objetivo era el de mantener los valores y la unión de la familia, objetivo más que justificado, también lo es que actualmente se traducirían en una ofensa discriminatoria al género femenino descartando de ésa manera cualquier vocación, o potencial alguno.
Contrario a “EL CORREO DE LAS SEÑORAS” desde los inicios del siglo XX la mujer ha logrado ubicarse en el desarrollo de México tales son los casos, todos discretos y sin conocimiento de muchos de:
Florinda Lazos de León: presidió en 1929 el Bloque Nacional de Mujeres Revolucionarias como un sector del Partido Nacional Revolucionario.
Rosario Castellanos: una de sus principales aportaciones al feminismo está en su tesis doctoral Sobre la cultura femenina (UNAM, 1950) en la que critica la filosofía tradicional y la forma en la que la cultura margina a la mujer y está regida por cánones masculinos.
Elvia Carrillo Puerto: fundó la primera organización de mujeres campesinas (1912) y organizó el Primer Encuentro Feminista de Yucatán (1915). En 1923 fue electa Diputada en el Congreso de Yucatán, lo que la convertiría en la primera mujer mexicana en ostentar un cargo de este tipo.
Hermila Galindo: Fundó el semanario feminista La Mujer Moderna (septiembre, 1915) en el que promovía el desarrollo de las mujeres y reivindicaba su posición dentro del esquema social, mientras afirmaba que la igualdad política e intelectual debía extenderse a todos los ámbitos de la vida (educación, trabajo, personal). Defendió la educación laica, sexual, y el derecho de las mujeres a ejercer su sexualidad, lo que le trajo críticas de parte de los grupos conservadores.
Esperanza Brito de Martí: En 1982 exigió a la Cámara de Diputados una ley a favor de la Maternidad Libre y Voluntaria, y se involucró por las demandas a favor del aborto, la no discriminación, la no violencia y el derecho a la participación de la mujer en la vida social.
Marta Lamas: En 1992 fundó el Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE) con el fin de promover los derechos sexuales y reproductivos. A comienzos del 2000 fundó el Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir, cuyo objetivo es la formación de mujeres con perspectiva de género.
Marcela Lagarde: Es una de las grandes feministas latinoamericanas actuales y en sus estudios ha analizado la violencia contra las mujeres, los mitos del amor romántico, la economía del cuidado o la sororidad, término que define la solidaridad entre mujeres en la sociedad patriarcal.

*Fuente: Cultura Colectiva /Mayo 12 2014

Aunque el término de equidad de género se ha aplicado de una manera más pertinaz en las últimas décadas, desde la época de la revolución mexicana la mujer ha insistido en encontrar un lugar en la sociedad y fuera de su hogar, logrando insistentemente un evento que considero fue un detonante para dar inicio formal y oficial a su desarrollo participativo en la política: el sufragio femenino durante el mandato de Adolfo Ruíz Cortines en 1953 (desde 1946 en elecciones municipales y llegando en 1947 a ocupar cargos de elección en municipios). Un gran triunfo para la mujer y un importante avance en términos de democracia. La mujer ya no se hace cargo únicamente de las labores del hogar; también trabaja, vota y puede ser votada. Su participación con los años no llegó hasta ahí.
Actualmente la mujer influye de una manera muy importante en las decisiones de la vida social, así como en los ámbitos de la economía, de la política y de la cultura, entre otros.
Imposible esconder que todavía existen casos en que la mujer vive como autentica ama de casa de aquel entonces: cociendo, zurciendo, cocinando y desgraciadamente humillándose. Todas estas conductas como resultado de técnicas como la violencia de pareja, el poderío sicológico y económico que se ejerce sobre ellas; la sumisión obligada y el violento convencimiento de que ese tendrá que ser su rol en la sociedad y la familia. Todos estos patrones de conducta resultan tristes e irremediablemente patrones heredables en la mayoría de los casos.
Cuatro de diez es alarmante.
En México cuatro de cada diez mujeres sufre alguna violencia de parte de su pareja y esto, sin importar el nivel socio-económico contrario a lo que muchos piensan que es exclusivo tan solo de un segmento social. Para muchos hombres la imagen de una mujer participativa social, laboral o políticamente, representa una importante amenaza y merma en su posición dentro de la sociedad y en el hogar afectando irreversiblemente su ego masculino. ¿No podríamos ser lo suficientemente hombres como para abatir esta estadística?
La importancia de la mujer en la familia y el hogar es algo que no podemos dejar de resaltar. Antes y ahora han sido el eje de la casa y todo lo que el hogar acarrea. La mujer en cualquiera de sus versiones es y seguirá siendo el centro del hogar. Las decisiones que se tomen primero deberán de pasarse por el consenso inteligente de ella. Ese filtro prudente y delicado. Si queremos una mujer completa en casa, habrá que permitirle su total desarrollo y apoyar sus aspiraciones personales.

About Redaccion El Heraldo SLP