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El Vive Latino celebra su edición 20

By on 15 marzo, 2019

El Vive Latino es esa fiesta libérrima donde ya casi nada parece imposible” es una línea sencilla salida de la pluma del escritor Xavier Velasco que define a la perfección la importancia del masivo anual más esperado por los mexicanos y del por qué el festival encabezado por Jordi Puig se jacta de ser el más importante de Latinoamérica…y tiene razón.

¡Que prendan las velas, que choquen las chelas, que desprendan las alfombras para volar, que Santana y Javier Bátiz hagan historia y que todos los que vayan al Festival Iberoamericano de Cultura Musical Vive Latino se la pasen a toda madre en la celebración de los 20 años de una plataforma masiva que sigue escribiendo historia, esta vez con otros invitados como Korn, Editors, Foals y talento de casa como Café Tacvba, Caifanes, Ska-P y El Tri, entre otros más en el Foro Sol!

Por cierto, Velasco aporta su valiosa frase a través de un texto que entregó para el libro 20 años del Vive Latino, cuyos pasos agigantados forman la historia indeleble de la escena nacional.

Javier Gurruchaga llega con un saco verde para encontrarse con Pino, de Los Estrambóticos; Pablo Varela, de Santa Sabina, Ricardo Nájera, de Lanza Internacional, y Gabriel López, de Sonido Gallo Negro, y el color deja huella. Ahora es Don Verde para la raza que este fin de semana protagonizarán el Vive Latino.

El español, emblema de la Orquesta Mondragón, lleva un botón de Sergio Arau que Pino de inmediato reconoce como “el señor Presidente”, y Gurruchaga asiente y suelta prenda de lo que puede encontrarse en el backstage del festival que Tito Fuentes (Molotov) ha definido como la navidad de los músicos.

Es verdad, se intentan formar proyectos con gente, pero no sé si luego la gente tomaba algún tipo de estimulación y luego todo lo que se planeaba no se hacía nunca”, relata sobre lo que vivió en 2018.

Su humor rompió el hielo y vaya regalito que Ricardo dejó a la mesa de Excélsior. “Cuando toqué con Furland por primera vez (2007), nuestra manager —que por cierto, nos odiaba—, que se llama Andrea, nos chingó las pulseras de backstage.

No podíamos pasar porque no teníamos tres pulseras. Veíamos pasar a Café Tacvba y a otros amigos y se nos hacía ridículo. Después veíamos a los amigos de Andrea en backstage y sí, ellos tenían nuestras pulseras”. El español no se aguantó mandarle un mensajito a la excolaboradora de Furland, que, según recuerda Nájera, ahora parece que trabaja para una marca de tenis de skateboard. Todo se contagió a partir de este momento y Pino relata que alguna vez se le acercaron tras bambalinas para pedirle que fuera el padrino de bautizo del pequeño Jan, un ahijado que no ha vuelto a ver.

Tuve que ir a Santo Domingo por un certificado que me permitiera ser su padrino y por 600 pesos lo logré. Y sí fui, sí lo bauticé. Me da mucha pena, porque sí lo hice y no he visto al niño”, dice.

Gurruchaga ha actuado de padre en varias películas, pero ¡no!, ¡no va a casar a nadie, así se lo pidan este fin de semana! “Ni por un tostón de plata”, sentencia el cantante de 61 años. Gabriel cuenta que en Sonido Gallo Negro por horarios en sus actuaciones, han tenido que mantenerse sobrios, dejando ver que por fiesta ellos no paran, pero siempre muy profesionales.

Mi hígado no está tan contento con todo lo que ha pasado en el festival”, redondea Pino tan grata conversación.

El Vive Latino es necesario para el rock nacional, tiene una riqueza que ninguno otro tiene; es un foro que abre las puertas y existe un apoyo para la música en español. Abre el espectro y le da forro a las bandas que le representan”, sentencia Valero. Mejor manera de saber por qué terminan la historia de Santa Sabina en el Vive, no puede haber.

CERO REPRESIÓN

 Jordi Puig, creador del Festival Iberoamericano de Cultura Musical Vive Latino, parece que tiene muy bien ensayada la frase “El Vive Latino es un espacio para la libertad de expresión”, pero no, no está lanzada al aventón en cada entrevista que ha dado a Excélsior, sino que ésa es la base que tuvo para crear, en 1998, el espacio ideal para que rock y juventud convivieran en un ambiente libre de las cadenas de la represión y la injusticia.

Cabe recordar que desde la década de los 60, los estudiantes sufrieron el mayor atentado, 2 de octubre no se olvida. Siguió el Halconazo, en 1971. Los 90 trajeron el fraude electoral, el asesinato del entonces candidato a la presidencia, Luis Donaldo Colosio y el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, cuyos pensamientos empataron con la comunidad universitaria y bandas como Panteón Rococó, Manú Chao, Santa Sabina y Rage Against the Machine.

 Además, el rock arrastró por mucho tiempo un estigma y una persecución tras la convocatoria del festival de Avándaro. No era bien visto y la policía tiraba las tocadas que se hacían. Sergio Arau, fundador y ex integrante de Botellita de Jeréz, relata en el libro del Vive Latino que una vez la policía los sacó a madrazos. Con los demás no había excepción.

Puig tenía en la cabeza ese contexto. Probó con fiestas en el Cuatro 24, una casa en la colonia Del Valle, y en otra locación en el Desierto de los Leones hasta que le llegó el espaldarazo por parte de OCESA.

UN DESASTRE

El 28 y 29 de noviembre de 1998, el rock latino tuvo su primera aglomeración en un cartel: Café Tacvba, Molotov, Maldita Vecindad, Illya Kuryaki, El Tri, Santa Sabina y Cecilia Toussaint, entre otros; entonces los actos hispanoparlantes no se vendían bien por separado, con algunas excepciones.

La logística del festival fue un desastre: más de dos horas de retraso por la implementación de un turntable, narra Lourdes Skipsey. Conectar y desconectar cables cuando una banda terminaba complicó todo, tanto que El Tri subió al escenario cerca de las 3:00 de la mañana. Jordi cuenta en el libro que, antes de entrar, Alex Lora, vocalista del grupo, le mentó la madre.

Un Diario de circulación nacional platicó con asistentes a la primera edición, quienes relataron su experiencia.

Todos los morros que ahora presumen sus torres de vasos de chela muy orgullosos, no lo hubieran podido hacer en el 98. A las tres de la tarde ya no había ni comida, ni alcohol ni agua. Todo se acabó”, dice Karen Zarza.

A las 42 bandas las alcanzaron los problemas técnicos, pero era un oasis para el descontrol de dos días que sólo costó 180 pesos por la doble jornada a la que asistieron más de 12 mil personas. El canal de música MTV lo transmitió.

Un desastre logístico y un oasis musical hicieron historia ese fin de semana. Al siguiente año se interrumpió la segunda edición para tener mejor planeación; en 2002 también se pospuso, pero las siguientes ediciones han tenido momentos que hoy hacen del Vive Latino, el mejor festival de Latinoamérica.

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