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El puño invisible

By on 1 noviembre, 2018

Parto de la metáfora creada por el filósofo Adam Smith al referirse a “La mano invisible” como esa capacidad autorreguladora del libre mercado, el cual por sí solo (según Smith proponía), gracias a la eficiencia económica producto de la competencia, entre otras cosas, tiende a compensar ciertas condiciones desventajosas para algunos sectores de la sociedad. Y me refiero a esa mano vuelta un puño para ilustrar los daños que dicho mercado puede infligir en aquellos que menos tienen cuando carece de suficiente competencia.

Ha sido un artículo que publicó el diario El País (“Los pobres, los más golpeados por la falta de competencia en México”)1 lo que me ha llevado a compartir con mis queridos lectores algunas reflexiones sobre un problema que suele pasar desapercibido para muchos. Dicho editorialpresenta un relato de los precios que enfrentan los mexicanos en general y en especial los más pobres en productos básicos para ellos. En el mismo, se muestra que los habitantes de la Ciudad de Méxicodeben pagar un precio de 14 pesos por kilo de tortillas, 20 pesos por litro de leche y 50 por un paquete de huevos, y al pagar estos precios y los de otros productos, están pagando un precio promedio 98% más alto que el que pagamos quienes podemos acceder a mercados más competitivos. Este sobreprecio ocupa en promedio 16% del ingreso de los hogares, y puede interpretarse como un “impuesto” que terminan pagando los más necesitados, según el estudio publicado por la Comisión Federal de Competencia Económica en octubre, llamado“Estudio sobre el impacto que tiene el poder de mercado en el bienestar de los hogares mexicanos”2 en el que se basó el artículo de referencia.

Dicho análisismide la brecha entre los precios que se cobran en el mercado y los precios hipotéticos de competencia, estimados a partir del ingreso delos hogares.Según el estudio, esta brecha genera una pérdida del 16% del ingreso parael promedio de los hogares mexicanos, que se amplía a 31% para los más pobres. Alejandra Palacios, eficaz y carismática Presidenta de la COFECE, señala en la introducción que “la existencia de precios más altos es consecuencia directa del ejercicio del poder de mercado por parte de los proveedores con el objetivo de incrementar sus utilidades.” Razón por la cuál, es necesario que las autoridades observen en qué proporción estos precios afectan el bienestar de los ciudadanos y cómo intervenir para evitar la fijación de precios más allá de los precios de competencia.

El autor de este estudio, Andrés Aradillas, realiza el primeranálisis de la brecha entre los precios de competencia y los precios que se ofrecen en el mercado, el cual combina bienes, ingresos y regiones para el caso de México. El investigadorseleccionó 12 mercados que ocupan entre 60% y 75% del consumo de los hogares en la ENIGH, los cuáles también ocupan una proporción importante del PIB. La principal conclusión del estudio consiste en que los hogares mexicanos pagan un sobreprecio de 98.23% por el poder de mercado en los bienes estudiados.

Los sobreprecios en los siguientes bienes son consecuencia de la ausencia de plenas condiciones de competencia: frutas (238% sobre el precio de competencia), pan (200%), materiales de construcción (113%), lácteos (100%), transporte aéreo (27%), tortillas (26%), transporte foráneo (15%), pollo y huevo (14%), carne de res (8%), bebidas no alcohólicas (5%) y medicamentos (4%). Asimismo, el autor estudió la elasticidad de estos bienes y encontró que el pan, frutas, verduras, lácteos y pollo y huevo, dado que son esenciales para la dieta y salud de la mayoría de las familias mexicanas, se seguirán consumiendo a pesar de subidas en los precios, lo que los vuelve una prioridad para la política de competencia.

En promedio, los mexicanos destinan 15.7% de su ingreso a pagar este sobreprecio por la falta de competencia, y esta pérdida de bienestar se profundiza al dividir a la población por deciles de ingreso y por estados. El 10% de la población con menos ingresos enfrenta un sobreprecio de 31% en estos bienes, mientras que el 10% más rico enfrenta un sobreprecio de 6%, es decir la pérdida de bienestar es cinco veces más grande para los hogares más pobres.Como se señalaba líneas arriba, Aradillas concluye que este sobreprecio de 15.7% se puede interpretarcomo un “impuesto” que los mercados poco competitivos cobran a los ciudadanos.

Al estudiar el sobreprecio en 46 ciudades, el investigador encontró que la región suroeste del país ve reducido su bienestar en 47%. Chiapas, Guerrero y Oaxaca, una vez más estados en dónde se concentran las poblaciones más pobres del país,se enfrentan a precios más elevados por la presencia de 3 condiciones específicamente: i) existen menos sustitutos de los bienes en los mercados, ii) las empresas pueden cargar mayores sobreprecios a sus consumidores sin el riesgo de perder participación de mercado, y iii) tienen una proporción de hogares de bajos ingresos mayor a la media nacional. Mientras que, en Baja California, Baja California Sur, Chihuahua, Sonora, Sinaloa, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, enfrentan pérdidas de ingreso detan sólo 3% a 5%.

Este “impuesto” que reduce el ingreso disponible de los hogares en bienes que son difíciles de sustituir, sobre todo para los más pobres en regiones menos vinculadas con mercados globales, viene a sumarse a muchas condiciones dolorosas para quienes menos tienen. La mano invisible se torna en un puño que golpea sin consideración alguna que no sea la de generar más utilidades a las empresas en donde los consumidores no tengan alternativa. De eliminarse estossobreprecios sobre los hipotéticos de competencia, la brecha de desigualdad medida por el índice de Gini se reduciría de 0.481 a 0.446, lo que tendría un efecto importante en la desigualdad, un reto pendiente para el país.

A lo mejor al tiempo que se plantea la distribución de transferencias monetarias a grupos vulnerables, como los ancianos o los llamados “ninis”, el gobierno podría reforzar los mecanismos de promoción y vigilancia de una sana competencia para ayudarle a ese puño a volverse una amable mano que corrija las ineficiencias del mercado. ¿No sería mejor lograr un mayor ingreso para las familias promoviendo la sana competencia que elevando subsidios o ingresos? ¿No nos costaría menos como país? ¿Qué cree usted?

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