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Histórico 1968: entregan IPN a SEP; alumnos tenían parque

By on 25 septiembre, 2018

La ocupación militar del Poli fue de horas. “Las tropas desocuparon Zacatenco y el Casco de Santo Tomás”, publicó Excélsior en su encabezado principal del 25 de septiembre de 1968. Cuatro planteles habían sido devueltos a la Secretaría de Educación Pública (SEP).

Hoy hace 50 años, también se conoció la información de la lucha jurídica que 54 estudiantes detenidos y consignados dieron al momento de rendir su declaración ante el juez de la causa.

En la primera plana de este diario se publicó una fotografía, que muestra rifles, pistolas, bombas molotov, cadenas, varillas y cartuchos que supuestamente fueron asegurados cuando el Ejército tomó las instalaciones del Politécnico, un día antes. Y que efectivamente había opuesto resistencia.

La lucha de los estudiantes no solamente fue en los juzgados. En calles de la Ciudad de México, jóvenes, según la información, secuestraron y quemaron 10 autobuses, durante mítines callejeros y breves escaramuzas. En esos hechos un muchacho murió, según el reporte policiaco, a manos de sus propios compañeros, aunque fue en una confusión.

La información sobre la entrega de las instalaciones del politécnico a la SEP, hoy hace 50 años, señalaba que la totalidad de los edificios de la Unidad Profesional de Zacatenco, del Instituto Politécnico Nacional, habían sido entregados al secretario general de ese instituto, ingeniero Martín López Rizo.

Mientras que estudiantes devolvían los planteles de las vocacionales 1 y 4, y el Centro Nacional de Enseñanza Técnica Industrial.

Los informes de las secretarías de Educación y Defensa Nacional fueron en el sentido de que el Ejército se retiró de Zacatenco y del Casco de Santo Tomás sin incidentes y que la vigilancia se mantendría.

Grupos de auditores del departamento auxiliar de administración de la SEP levantaron un inventario en los planteles devueltos. Los daños y la desaparición de valioso equipo son cuantiosos en la Vocacional 7, situada en avenida Constituyentes, se informó. En favor del restablecimiento del orden y para evitar la ocupación del Ejército, los secretarios generales de agrupaciones estudiantiles, de nivel I vocacional, del IPN, realizaron asambleas para pedir a los alumnos la devolución de otros inmuebles.

En las auditorías efectuadas en las instalaciones de las vocacionales 1 y 4, se informó que los daños eran incalculables, al menos en la Vocacional 4. Se trata de un edificio aún no inaugurado en forma oficial, que recibieron los estudiantes en perfecto estado. Hoy (25 de septiembre de 1968) tienen destruidos centenares de vidrios, lámparas y canceles. El fuego acabó con el auditorio y el archivo. Ardieron importantes documentos. Faltan objetos y equipo de gran valor. Máquinas y sumadoras fueron arrojadas contra el suelo. Adán Becerril, secretario general de la Sociedad de Alumnos, señaló como responsables de esos destrozos a un centenar de individuos que el jueves anterior, afirmó, ametrallaron el edificio, secuestraron a cuatro estudiantes y con macanas grandes de madera se dedicaron a romper todo lo que encontraban a su paso. Becerril comentó que el licenciado Manuel Bravo Malpica, asesor jurídico de la SEP, había comprobado, con anterioridad, que los paristas mantenían en buen estado, aunque sucio y lleno de basura, el inmueble. “Si viera usted lo que se siente ver esta destrucción…”, comentó a Excélsior el director de la Vocacional 4, ingeniero Moisés Jiménez Castro, cuando caminaba sobre pisos cubiertos de pedazos de vidrio, de botellas rotas, basura, partes de máquina, documentos, etcétera.

Por su parte, los directores generales administrativos de la Universidad, directores de escuelas y facultades y catedráticos, reunidos en la Casa del Lago, con un quórum de cien personas, acordaron hacer un llamado a los estudiantes universitarios para que “en lo que esté en sus posibilidades, faciliten la normalización de la vida universitaria”. Hubo nuevas peticiones a la Junta de Gobierno en el sentido de que no se aceptara la renuncia del rector, Javier Barros Sierra.

Manuel Campos Díaz y Sánchez firmó la nota de la diligencia de los 54 estudiantes consignados.

Los cincuenta y cuatro detenidos consignados ante el juez vigesimoprimero penal como presuntos responsables de delitos cometidos durante los disturbios estudiantiles declararon en una diligencia que a la postre se convirtió en un mitin en el que hubo gritos, injurias al juez, licenciado Benito Pliego y Pliego, y hasta discursos subversivos que algunos detenidos gritaron a voz en cuello.

Este desorden en la diligencia se atribuyó a que en lugar de llamar a los acusados de cuatro en cuatro, ya que ese era el número de secretarios que iban a tomar las declaraciones, el juez Pliego y Pliego hizo llevar tras de la reja del juzgado a los 54 detenidos, que sumados a los parientes y amigos de los mismos, que acudieron al juzgado, formaron un grupo de más de 80 personas que se dedicaron a escandalizar.

Esta diligencia duró siete horas, se inició a las 9:30 horas y terminó poco después de las 16:30. En ese lapso, los detenidos desfilaron ante el juez para lanzar denuestos, algunos, y todos ellos para gritar que eran inocentes de los delitos que se les imputan, porque no participaron en los disturbios, porque fueron detenidos cuando caminaban por la calle o eran simples espectadores. Otros admitieron que pertenecen a los comités de lucha que se formaron, pero todos negaron ser responsables de los delitos que se les atribuyen en las consignaciones.

Excélsior publicó hoy, hace medio siglo, una lista de detenidos y consignados como presuntos responsables de robo, daño en propiedad ajena, lesiones contra agentes de la autoridad, resistencia de particulares y secuestros cometidos por pandilla y asociación delictuosa. Estos son sus nombres: Renán o Enrique Cárdenas Marín, Erasmo Gutiérrez Vargas, Adela Salazar Carbajal (abogada sindicalista, a quien el domingo 23 de septiembre de 2018, Elena Poniatowska le rindió homenaje en La Jornada);  Jaime Waiss Stader, Enrique Sánchez Posadas, Elí de Gortari, César Nicolás Molina, Armando Castillejos Ortiz (esposo de Adela Salazar); Carlos Sevilla González, Paulino Campo Cámara, Consuelo Espejel Guerrero, Martín Dosal Jottar, Francisco Pérez Rojas, José Luis López Rubio, Guillermo López Mayo, Juan Pablo Fuentes Zúñiga, Jaime Goded Andrew, Manuel Vaca Cárdenas, Rafael Moreno Montes de Oca, Salomón de Swdan Oliva, Rina Lazo Warren de García, José Luis Sánchez N, Miguel Reséndiz Martínez, Julio Bvoltvink Kalinka, Sergio Estanislao Sáenz Nevarez, Víctor Gustavo Montero Sánchez, Jorge Tamayo López Portillo, Romeo González Medrano, Sergio Rodríguez Silva, Manuel Lerma Kibehnceo, Ezequiel Pantoja Castillo, José Bousa Ortiz, Francisco Gallegos García, Francisco Gustavo Liévana Mendoza, Jesús Burguete Constantino, Domingo Zamora González, Agustín Cruz Páez, Luis Manuel Torres Palacios, Francisco José Velero Recio, Ángel Martínez Ovando, Rafael Junquera Maldonado, Leoncio Torres Sánchez. José Eduardo Arellano Azonera, Daniel Reyes Vázquez, Lorenzo Sánchez Domínguez, Manuel Sánchez Casas, Jenaro Domínguez Maldonado, Alfredo Olvera Cabrera, Tomás Rodríguez Santamaría, Raúl Acosta García, Adulfo Rodríguez Mazariegos Gordillo, Enrique Miramontes Pérez, María Magdalena Barona Salazar y Julio Terán Zavaleta.

Sobre los hechos de violencia publicados hoy hace 50 años, el reportero Víctor Payán, firmó la nota donde se lee que los estudiantes huelguistas habían secuestrado e incendiado diez vehículos en distintas partes de la ciudad, entre ellos una pipa de Pemex con capacidad para cincuenta mil litros, que iba ya vacía.

Además, los jóvenes continuaron con sus mítines relámpagos en diversos sitios, arengando a la gente a que se les uniera en su lucha. A pesar de ello, ayer no hubo choques entre los estudiantes y las fuerzas del orden. La Jefatura de Policía informó la noche del 24 de septiembre de 1968 que un estudiante había sido muerto a tiros por sus propios compañeros, en la Plaza de la Ciudadela, cuando trataban de recapturar una patrulla de la Dirección de Tránsito.

Se dijo que los participantes en los alborotos secuestraron a la patrulla, con sus tripulantes, por la tarde y que, al llegar los granaderos, los patrulleros escaparon con el vehículo, debido a que se parapetaron en el edificio de la Vocacional 5. Al darse cuenta de que la autopatrulla se les escapaba, dijo un vocero oficial, los muchachos hicieron varios disparos para tratar de detenerla y fue así como mataron a su compañero Lorenzo Hernández.

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