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Histórico 1968: el paro sigue y la marcha va

By on 12 septiembre, 2018

Universitarios y politécnicos, cada cual en sus respectivos campus, resolvieron seguir en huelga; aunque en Ciudad Universitaria hubo oposición a ese acuerdo.

En medio de ese escenario, los estudiantes informaron que la manifestación del día siguiente, viernes 13 de septiembre de 1968, seguía en pie.

La información relacionada con el Movimiento Estudiantil, que se publicó el 12 de septiembre de 1968 en un Diario de circulación nacional, estuvo concentrada en una nota. Se publicaron ocho puntos como guía de lo que sucedía en este tema, pero también se amplía la información de lo ocurrido en CU y en el Casco de Santo Tomás.

Ese mismo día, también en la primera plana de este diario se publicó una nota sobre el debate publicó que se abrió para conocer la posición de la ciudadanía en torno a si debía de ser o no derogado el artículo 145 y 145 bis del Código Penal.

La información señala que los juristas Gabriel García Rojas, catedrático de la UNAM, ministro jubilado de la Corte de Justicia y Gustavo N. Serrano, catedrático de la Escuela Libre de Derecho y director de Estudios de Información de Asuntos de Derechos Constitucional del Colegio de Abogados de México, se oponían a la derogación de dichos artículos.

El debate público por los artículos 145 y 145 bis, se realizó en el Salón Verde de la Cámara de Diputados.

García Rojas consideró entonces que había ambigüedades jurídicas y falta de técnica en dicho artículo; hoy hace 50 año este abogado, de antemano, se pronunció en contra de la desaparición de dicho artículo; dijo que sus impugnadores no tenía razón; que sí había falta de técnica jurídica, pero no suficiente para llevarla a la inconstitucionalidad.

Por su parte, Gustavo N. Serrano concluyó que no debían suprimirse los delitos señalados en el 145 del Código Penal, ya que, dijo, no estaban afectados de falta de técnica jurídica.

Serrano también habló sobre el conflicto estudiantil. En particular sobre el 145 —una de las seis demandas de los estudiantes en su pliego petitorio, desde el inicio del conflicto—, señalando que la demagogia había hecho creer, sobre todo a los estudiantes mexicanos, que los artículos 145 y 145 bis eran atentatorios de las garantías individuales, y afirmó:

“Esto es inexacto, porque una ley local, como el Código Penal, no puede derogar ninguna de las garantías constitucionales, las cuales continúan en vigor. El gobierno no es intocable; la crítica de buena fe resulta provechosa al régimen”.

En el recuento de lo sucedido en CU, la información periodística señala que hubo dos corrientes de opinión entre los estudiantes. Una por continuar el paro y otra para regresar a clases.

Esa división de criterios, dice la nota, se repitió en las distintas asambleas y mítines que se efectuaron en Ciudad Universitaria, a cincuenta días de haber iniciado el conflicto estudiantil.

Los convocados por el Consejo Nacional de Huelga (CNH), membresía UNAM, se reunieron y votaron a favor de mantenerse en paro. Otro acuerdo de las asambleas universitarias fue seguir el Movimiento Estudiantil hasta el total cumplimiento de las demandas.

La corriente opuesta a estas resoluciones se hizo pública en las asambleas efectuadas en las facultades de Derecho, Ingeniería, Medicina y Filosofía y Letras, así como en manifiestos firmados por dirigentes de agrupaciones estudiantiles y de asociaciones de alumnos, que en el transcurso del conflicto se fueron conformando como contrapeso a las tres organizaciones estudiantiles con mayor poder de convocatoria, a saber, Federación Nacional de Estudiantes Técnicos, Consejo Nacional de Huelga y el Comité Nacional de Huelga de Estudiantes Técnicos.

El Consejo Técnico de la Escuela Nacional Preparatoria se declaró también a favor de regresar a clases. El llamado a los maestros y alumnos, al concluir una sesión de la asamblea de la Escuela Nacional Preparatoria, para que asumieran su responsabilidad como universitarios e hicieran todo lo posible para regresar a clase a más tardar el siguiente día 17 de septiembre.

A las seis de la tarde del 11 de septiembre en la Plaza del Carrillón, en el Casco de Santo Tomás, tuvo lugar un mitin anunciado por los politécnicos. El blanco de las críticas fue el gobierno. Se dijo con todas sus letras que no claudicaría y que el paro seguiría.

En el mitin participaron siete oradores, se lee en la nota publicada en Excélsiorhoy hace 50 años. Todos tuvieron un tono similar: seguir con las brigadas políticas, realizar manifestaciones, mantener en pie la que estaba programada para el viernes 13 de septiembre y condenar la agresión.

En el mitin intervinieron trabajadores de Ferrocarriles Nacional, Petróleos Mexicanos, un chófer de autobuses urbanos y padres de familia.

El discurso genérico fue que la lucha del movimiento no había terminado, que por el contrario, cada día era más fuerte y abarca mayores sectores de la población.

Por sugerencia de uno de los oradores se acordó hacer mítines en fábricas e invitar  a los obreros a que se unieran al Movimiento Estudiantil. Uno de los oradores dijo que seguiría en la lucha suceda lo que suceda. Y dijeron que no iban dejar a los presos políticos en la cárcel, que iban a luchar por su libertad. Se fueron en contra de los jefes policiacos, de los que seguía pidiendo su renuncia y dijeron que debían responder por las agresiones en contra de estudiantes desde finales de julio de 1968.

Ese mismo 12 de septiembre de 1968, un Diario de circulación nacional publicó información relacionada con la reforma educativa del momento, planteada a raíz del estallido del conflicto estudiantil que se tornó en pocos días en Movimiento Estudiantil.

El secretario de Educación Pública, Agustín Yáñez, después de salir de un acuerdo con el presidente Gustavo Díaz Ordaz, según la información, también habló de los exámenes para los estudiantes que estaban en huelga.

Yáñez informó que sobre la reforma de programas educacionales promovida por el presidente de México desde el jueves anterior se habían integrado diversas comisiones para atender el caso.

“La reforma educativa, dijo el titular de la SEP, no sólo es en el aspecto escolar, hay muchas otras fuerzas no escolares en materia educativa, como por ejemplo los métodos modernos de difusión y la educación en el hogar. La reforma al sistema educativo debe ser más amplia que la simple forma escolar, y la Secretaría de Educación está estudiándola, pero ligada con todo lo que en cierta manera es una fuerza educativa”.

De acuerdo con las declaraciones que hizo hace 50 años el titular de la SEP, se convocaría a una conferencia nacional que, inicialmente trataría sobre la enseñanza de civismo y el modo de hacerla, para después tratar el cambio completo de la educación de los adultos, a los que en ese entonces se le impartían enseñanzas como si fueran niños.

Sobre los exámenes, Agustín Yáñez informó que sólo 82 mil estudiantes del Distrito Federal, de una población aproximada de 2 millones de escolares de todos los niveles educativos, no habían presentado exámenes de fin de curso y que no lo podría hacer hasta la primera quincena de noviembre de 1968.

Un grupo de médicos pasantes internos de varias instituciones de salud pagó en un Diario de circulación nacional una inserción dirigida al pueblo de México.

En ese desplegado decía: “Los últimos 45 días de la vida del país se han caracterizado por la brutal represión que los cuerpos policiacos en bloque, incluso el Ejército, rompiendo una vez más el orden constitucional, dirigen contra el pueblo inerme encabezado por el sector estudiantil, resultando ciudadanos muertos, desaparecidos, heridos y daños en diferentes formas”.

La publicación también fue para solidarizarse con los estudiantes y hacer suyo el pliego petitorio de seis puntos planteado por los estudiantes y denunciaron “la actitud de las autoridades gubernamentales con el propósito único de prolongar el inicio del diálogo ya planteado por el CNH”.

En otro desplegado publicado en este diario, los profesores de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, reunidos en asamblea extraordinaria, consideraron urgente expresar su posición ante la situación por la que atraviesa la Universidad. “Ante todo, queremos destacar la importancia de la acción cívica emprendida por estudiantes y maestros para lograr un avance en la vida democrática del país y en la libre expresión pública de las ideas”.

Los profesores de Filosofía consideraron que el movimiento había logrado triunfos innegables en ese sentido y “nos interesa vivamente que éstos se consoliden. Al mismo tiempo, manifestamos nuestra honda preocupación por que la prolongación de la situación actual ponga en grave e inminente peligro la existencia misma de la Universidad como institución autónoma”.

 

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