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Andrés Neuman, en defensa de la cicatriz

By on 1 septiembre, 2018

Las fronteras y las cicatrices, en sus múltiples significados y metáforas, son la materia prima con la que fue confeccionada Fractura (Alfaguara), la sexta novela del escritor argentino-español Andrés Neuman (1977).

El también poeta y cuentista entrega una obra de largo aliento cuyo protagonista, el japonés Yoshie Watanabe, un sobreviviente de la bomba atómica de Hiroshima, revisa las grietas de su vida tras experimentar el terremoto de 9 grados que sufrió su país en 2011. Pero este misterioso anciano también es retratado por cuatro amantes que tuvo en distintos países, cruzando idiomas, geografías y culturas.

Pongo de manifiesto mi amor por el viaje y la frontera, y la convicción de que la frontera es el lugar siempre más interesante, intenso y conflictivo de cualquier territorio. Es decir, que me interesa menos la pureza de un territorio, el centro, que sus bordes y sus posibles diálogos, intercambios y conflictos con el territorio de al lado”, afirma en entrevista el narrador.

Creo que el arte hace de la frontera una identidad. Vivimos una época en la que las fronteras significan un problema. A nivel político y social pareciera que son lugares indeseables que hay que militarizar y controlar. Ninguna institución tiene confianza en la riqueza de la frontera. Lo que hace el arte es revalorarla”, agrega el también ensayista.

El autor de las novelas Bariloche, La vida en las ventanas, Una vez Argentina, El viajero del siglo y Hablar solos aclara que hay fronteras y cicatrices hacia el interior de la persona misma.

Se habla mucho de las cicatrices físicas y emocionales, pero éstas no definen nuestra identidad. Somos un conjunto de cicatrices más o menos visibles. Y éstas trazan una frontera entre quienes fuimos antes del daño y en quienes el daño nos convirtió”, añade.

Explica que Fractura narra la historia de distintas cicatrices: las de un país, una familia o las de un amor roto. “Cuenta cuatro historias de amor, cómo se rompieron y cómo son recordadas”.

Y detalla que el sismo japonés es una metáfora. “A todos los países se les mueve, literal o figuradamente, el piso.

Y en ningún lugar se puede estar seguro del suelo que se pisa. Hay países donde el suelo se abre literalmente y otros donde el suelo se abre para desaparecer a las personas. Debemos detectar las fallas tectónicas de cada sociedad y pensar qué hacer para que no se repitan”.

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