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¡Mínimo! La verdadera riqueza de las naciones

By on 16 agosto, 2018

Ahí estábamos, en una larga y motivante charla de sobremesa en Villa del Carbón varias familias cuya amistad se inició hace más de treinta años cuando mi familia y yo tuvimos la fortuna de vivir en Metepec, Estado de México. Ahí estaban también nuestros chavos, aportando valiosos comentarios en torno a nuestro futuro como país. Celebrabamos en silencio los adultos el hecho de que estos muchachos tuvieran tal sensibilidad social y sintieran tan profundamente un verdadero compromiso con México.

En medio de la conversación, al tratar el tema relacionado con los acentos que el próximo gobierno debe poner en su política económica, Miguel, el más académico del grupo, sacó a colación una publicación del Banco Mundial, a la cual me referiré en esta columna, pues me parece de lo más oportuna y pertinente hoy que se delinean los propósitos de la llamada “Cuarta Transformación de México”.

Con el reporte TheChangingWealthofNations 2018 (de más de 250 páginas), el Banco Mundial presenta una perspectiva que busca ir más allá del PIB como medida del progreso económico, analizando la evolución de la riqueza de las naciones para entender qué tan sostenible es ese crecimiento a nivel mundial. En el mismo surgen preguntas como, ¿realmente se está haciendo lo necesario para mantener los niveles de ingreso actuales y su crecimiento en el futuro?

Preguntas imposibles de responder si sólo medimos el crecimiento económico con la evolución del PIB y no analizamos si, por ejemplo, se está haciendo un uso eficiente de los recursos naturales y se están invirtiendo las ganancias generadas por los mismos en facilitadores de un ingreso sostenible como son la infraestructura y la educación. O si la transformación de estos recursos está respaldada por instituciones fuertes y la gobernanza de las mismas para garantizar la reinversión y no sólo el consumo de los mismos.

Así, al medir los distintos componentes de la riqueza en el reporte, se está midiendo también el potencial de los países para transformar sus recursos en mayor riqueza de una forma sostenible, viendo la riqueza como el flujo de ingresos que cada activo puede generar a lo largo de su vida útil.

El reporte compara el desarrollo de la riqueza de 141 países entre 1995 y 2014 como la suma del capital natural (energía, minería y agricultura), el capital manufacturado (maquinaria e infraestructura) y el capital humano (ganancias laborales, educación y salud) en este período. Resalta el hecho de que el capital humano representa dos tercios de la riqueza global en 2018; desde 1995 el mundo ha transitado del capital natural al capital humano.  Sin embargo, en los países de ingreso bajo, el capital natural aún representa hasta el  47% de la riqueza, ya que generar crecimiento económico basado en esta relación depende de que, como se mencionó anteriormente, se invierten las ganancias del capital natural en sectores como infraestructura o educación.

En este sentido, algunos de los factores que han impulsado el crecimiento del capital humano desde 1995 son las inversiones para aumentar los años promedio de escolaridad de la población adulta (como proxy de la educación), así como la esperanza de vida (como indicador de salud). Así mismo, las economías más abiertas tienden a tener una mayor tasa de crecimiento en este tipo de riqueza. Por otro lado, una mayor tasa de inflación se asocia con menores tasas de crecimiento en la riqueza del capital humano per cápita.

Hablando del capital natural, el reporte señala que cerca de 25 países de bajos ingresos, donde el capital natural dominaba la riqueza general durante 1995, pasaron a tener un estatus de ingreso medio en las últimas dos décadas. Lo que apunta a que éstos sí lograron invertir las ganancias del capital natural y así hacer crecer su riqueza en general. Sin embargo, cerca de dos tercios de los países que se han mantenido con ingresos bajos desde 1995 son países catalogados como ricos en recursos naturales, o como estados frágiles o en conflicto, o ambos, lo que el reporte señala como un indicador de que los recursos por sí solos no garantizan el desarrollo.

Mientras que en términos generales la riqueza ha aumentado, el reporte señala que la riqueza per cápita no ha seguido la misma tendencia. Tal es el caso de México, ya que su riqueza ha aumentado, pero su riqueza per cápita no sólo no ha crecido, sino que en algunos años del periodo ha sido negativa, lo cual apunta a una distribución desigual de los beneficios del crecimiento económico. Este ha sido el caso, también, de muchos de los países de bajo ingreso en donde el crecimiento de la población ha superado la inversión, y el riesgo está, tal como señala el reporte, en que a medida que disminuye la riqueza per cápita, también lo hace la capacidad de los países de mantener los mismos niveles de ingreso per cápita.

De la misma forma, los aumentos en la riqueza de las sociedades a nivel mundial no se han dado de una manera equitativa. A nivel mundial, la dinámica de la acumulación de riqueza del capital humano está impulsada principalmente por los cambios que tienen lugar en países de la OCDE y en los países de ingresos medios, ya que estos representan el 87 por ciento de la riqueza.

Sin embargo, esta dinámica está cambiando y en los países de la OCDE y de ingresos medios, la participación de la riqueza del capital humano en la riqueza total está disminuyendo. Las ganancias laborales como porcentaje del PIB han disminuido en los países de la OCDE debido al cambio tecnológico, el estancamiento de los salarios y, en muchos países, una reducción en la población en la fuerza de trabajo, en parte debido al envejecimiento. Por el contrario, la participación de la riqueza del capital humano en la riqueza total está aumentando rápidamente en los países de ingresos bajos y de ingresos medianos bajos.

Aparte de lograr una distribución más equitativa de la riqueza tanto al interior de los países, como a nivel mundial, existe también el reto de la incorporación de las mujeres al mercado. Las mujeres representan menos del 40 por ciento del capital humano mundial debido a las menores ganancias en salud y educación. Lograr la equidad de género podría aumentar la riqueza del capital humano en un 18%. Mientras que en relación al capital natural, las medidas sobre la riqueza aún deben lograr incorporar otros elementos como la contaminación del aire, la sobre explotación de las pesquerías y el daño a ecosistemas para valorar la sustentabilidad de las estrategias de desarrollo que siguen los países.

A todos interesa generar mayor riqueza y bienestar y lograr una mejor distribución de la misma, agregando valor a los grandes recursos naturales y a la transformación que a través de la manufactura logramos de los mismos. Pero sin duda, si queremos ser verdadera e integralmente ricos, queda claro que solo lo conseguiremos fortaleciendo al capital humano en cada uno de los mexicanos y las mexicanas.

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