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El turismo y los candidatos

By on 9 mayo, 2018

Me atrevo a afirmar que, en el sexenio próximo, quien haya llegado a la Presidencia de la República habrá de dar al turismo una importancia que hasta ahora no ha tenido, y tomará decisiones que se podrían traducir en una prolongación de la bonanza que vive el sector o incluso en una etapa de mayor crecimiento y desarrollo. Eso solo si todos nos encargamos de que se cumpla lo ofrecido.

Lo digo a partir de lo que atestiguamos en la XVI edición del Foro Nacional de Turismo, evento en donde los cinco candidatos presidenciales fueron invitados a exponer sus propuestas de política turística ante una audiencia de empresarios y académicos, acompañado cada uno por uno de los miembros del Consejo Directivo del Foro. En mi caso, acompañé al Lic. Ricardo Anaya, con quien establecí el diálogo correspondiente a partir de sus propuestas y las dudas que surgieron con las mismas.

A todos los candidatos les señalamos que las propuestas de pasadas administraciones han reflejado un compromiso solo de palabra, ya que en los hechos, dicho compromiso no se ha reflejado en recursos y apoyos suficientes para un sector que aporta más al PIB que la minería, construcción o sistema financiero.  Por ello, les indicamos, se vuelve vital que en esta época de campañas identifiquemos los compromisos que los candidatos están dispuestos a suscribir para poder alcanzar el potencial del turismo en México.

Durante el Foro, los moderadores los cuestionamos con las inquietudes del público sobre, entre otros temas, seguridad, desarrollo social, regulación, corrupción e infraestructura insuficiente en la actividad turística. Ello permitió establecer un fructífero diálogo con cada uno de ellos, yendo más allá de sus promesas iniciales.

Algo que sí quedó bien claro fue el papel que el turismo puede jugar como una poderosa palanca para el crecimiento del país, en la medida en que su desarrollo sea planeado con visión de largo plazo, con criterios de sustentabilidad y cuidando que su derrama beneficie a todos, reduciendo así la desigualdad y la pobreza en zonas turísticas.

Es de tal importancia su impacto económico y tan destacado su dinamismo (el cual supera por mucho al promedio mundial) que es mucho lo que podemos ganar o perder. Podemos estar frente a un escenario en el que el crecimiento se refleje en el desarrollo de la comunidad o en el umbral de un crecimiento atropellado, sin planeación, que pase por encima del medio ambiente y olvide la atención de las necesidades sociales de las poblaciones impactadas.

En este orden de ideas, de verdad celebro que todos los candidatos, al menos en el discurso, hayan expresado la conciencia que tienen respecto, tanto del significado económico del turismo, como de su potencial de contribuir al desarrollo con una mejor distribución de los beneficios que se generen.

En cuanto al detalle de lo que escuchamos, me referiré a algunas de las posturas y propuestas que los aspirantes presidenciales expusieron. Como los temas más importantes para el sector, destacaron la corrupción y ausencia del estado de derecho, la inseguridad y la violencia, y el descuido del combate a la pobreza y a la marginación; todos como serias amenazas para la competitividad y para la sana evolución de esta industria.

Obviamente abundaron las generalidades y los lugares comunes al hablar del “cómo” lograr, por ejemplo, el abatimiento de la violencia y la inseguridad. Tal vez ha sido Meade, con su propuesta de combatir el acceso de recursos ilícitos de las organizaciones criminales y una nueva política de armas, quien habló de una forma más concreta de combatirla.

Así mismo lo hizo en relación al desarrollo social, en donde propuso impulsar la transversalidad para eliminar la pobreza en los destinos, mejorando el acceso a alimentación, vivienda, educación, y salud. Un defecto de las administraciones pasadas ha sido, en su opinión, la falta de coordinación entre dependencias para realizar una política turística junto con una intervención de política social.

En otros temas vitales para el turismo, surgió el del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México, respecto del cual López Obrador sugirió la ampliación del aeropuerto de Santa Lucía y su conexión con el actual aeropuerto. Sin embargo, algo importante y novedoso fue el hecho de que el candidato de MORENA haya aceptado retomar la discusión partiendo de los aspectos técnicos y especializados.

A su vez, Ricardo Anaya calificó de disparate la propuesta de AMLO reafirmando su posición favorable al nuevo aeropuerto, subrayando la importancia de la conectividad. Señaló también que las inversiones en el sector no deben verse como un servicio a viajeros, sino como una puerta de entrada a divisas de viajeros dispuestos a efectuar un gasto mayor. En esta misma línea, José Antonio Meade propuso una agenda de continuidad, la cual implica capitalizar las reformas en marcha y aprovechar las inversiones que se han realizado ya, como la del AICM. Mientras, López Obrador propuso la construcción de un tren en la Península de Yucatán.

Entre otras propuestas más concretas por parte de Anaya, destacaron la simplificación administrativa para abrir empresas y reducir la corrupción potencial entre las autoridades que gestionadoras, la creación de un “ombudsman para la inversión” que defienda los proyectos ante obstáculos administrativos, y su pronunciamiento a favor de un CPTM independiente a los cambios políticos.

Meade reconoció que es necesario establecer una perspectiva realista de las finanzas públicas para el turismo y propuso continuar los caminos iniciados por el aumento al Derecho de No Residentes en el PEF 2017, la eliminación del visado para países de la Alianza del Pacífico, y el ejercicio oportuno de obras del Plan Nacional de Infraestructura. Mientras que la propuesta de López Obrador consistió en generar un programa de “jóvenes aprendices” en el turismo pagado por el Estado. Ahí quedó también su ofrecimiento de que en un futuro cercano su equipo presente el detalle de su propuesta turística.

Un interesante y productivo ejercicio democrático relacionado con la llamada industria sin chimeneas, la cual se encuentra frente al dilema de optar por contribuir “solo” al crecimiento económico o al contrario, aportar mucho más al desarrollo del país.

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