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¡Vaya! Por lo menos ya trae cascabel el gato…

By on 1 febrero, 2018

Si buscas resultados diferentes,
no hagas siempre lo mismo
Albert Einstein

(Primera parte)

Debo iniciar por reconocer que durante el tiempo en que fui Regente (como se llamaba entonces al Jefe de Gobierno de la Ciudad de México), mantuve una posición contraria a la de legalizar el uso de cualquier droga en los foros internacionales en los que participamos. Esa era, por cierto, la posición del gobierno al que pertenecía y la de mi entonces jefe, Ernesto Zedillo, quien ahora es un luchador en favor de la liberalización (posición que ahora yo también sostengo). Sin insinuar que así se nos deba considerar, quizás aplica aquello de que “es de sabios cambiar de opinión”.

Hace un par de días, sorprendió a muchos la propuesta que hizo Enrique de la Madrid para legalizar el consumo de marihuana en los destinos turísticos, posición que me consta mantiene desde hace tiempo, convencido de que la prohibición ha dado lugar a un mercado de tal rentabilidad que provoca gran violencia entre los cárteles que se disputan el negocio y las autoridades que los reprimen (por lo menos algunas).

En mi caso, esta es la sexta vez que escribo sobre el tema (la última con el título de ¡A ver a qué horas!) buscando crear conciencia acerca de la conveniencia de que en el país se adopte la posición propuesta por De la Madrid.  Soy un convencido de que llegó el momento de hacerle caso a la advertencia que en su momento hizo Einstein, y que he incluido a manera de antetítulo, en el sentido de que, si seguimos actuando como hasta ahora, los resultados que obtendremos serán los mismos: nefastos; criminalizando campesinos hambrientos y a muchachos que la consumen, a la vez que manteniendo patentes de corso a grupos criminales y corrompiendo autoridades y gastando los pocos recursos disponibles en perseguir en vez de prevenir.

Por ello, celebro la actitud del Secretario de Turismo, que ha salido de esa tentadora posición política de amilanarse en el statu quo y seguir indefinidamente “nadando de muertito” mientras la violencia amenaza a los destinos turísticos que son, sin duda, la gran gallina de los huevos de oro para México. Me parece que esas son las actitudes que la gente demanda de los políticos en estos tiempos: asumir y defender posiciones que alienten al debate, reflejen apertura de miras y como suele decirse popularmente “le pongan el cascabel al gato”.

He seguido con atención las diversas reacciones a esta propuesta y veo con satisfacción lo que quisiera ver como un sello distintivo en estos tiempos de campañas políticas: el inicio de un debate maduro, abierto, inclusivo y tolerante, que nos lleve a preguntarnos lo que nos exigen estos nuevos tiempos como Nación. Como parte de esta pública discusión, es mi intención aportar algunas reflexiones y datos que espero contribuyan a una mejor comprensión del problema y de sus posibles soluciones. Ojalá que permitan empezar a entender la diferencia entre una ocurrencia y una propuesta seria.

El cannabis es la sustancia ilícita más consumida en el mundo, según Naciones Unidas; aproximadamente 180 millones de personas la consumen anualmente. En este contexto, el modelo de combate al narcotráfico está desviándose hacia la vigilancia de los recursos ilícitos por el lado de la oferta, y hacia la despenalización, por el lado del consumo. Mexicanos Unidos Contra la Delincuencia (MUCD) señala que la diferencia con la plena legalización radica en que “la posesión de drogas continúa siendo un acto ilegal y punible, empero uno que ya no implica la apertura de un récord criminal”. En la despenalización se crean reglas para el consumo estableciendo jurisdicciones especiales como zonas de consumo, clubes de cannabis y cultivo doméstico.

Por otro lado, los efectos de una prohibición son mayores precios que promueven una escalada en la violencia criminal. En el estudio Efectos de la Prohibición, la Aplicación de la Ley y la Interdicción sobre el Consumo de Drogas, Jonathan Caulkins señala que bajo una completa prohibición, el precio de la libra de cannabis era de 3,500 dólares en Washington, pero tras una despenalización para usos médicos, llegó a los 2,000 dólares; mientras que en el mercado más abierto de Holanda su precio fue de 500 dólares.

Por otra parte, en el estudio El impacto presupuestario de una política de drogas prohibicionista 2006-2012, Gabriel Purón-Cid realiza un recuento de los recursos destinados al combate contra las drogas en el Presupuesto de Egresos. Esto ocupa hasta 5% del Presupuesto en materia de prevención, derechos humanos, y seguridad. De este 5%, los componentes de seguridad ocupan 97.07%; mientras que prevención y derechos humanos ocupan solamente 2.91%. Esto supone no sólo la violencia que conlleva la actividad ilegal, sino que también existen recursos que el Estado deja de capturar y que, por el contrario, gasta en perseguir delitos.

Dada esta específica problemática, recupero del documento, Cómo regular el cannabis: una guía práctica, publicado por MUCD, una de las propuestas presentadas para la despenalización bajo un enfoque de fiscalización y salud pública. En este primer acercamiento, presento sólo las soluciones relativas al cobro de impuestos como ejemplo de que hay un camino serio a seguir para poder aterrizar esta propuesta.

En el reto del cómo cobrar impuestos al cannabis, los ingresos fiscales se podrían originar de ventas, producción, ganancias de la industria y la concesión de licencias. Sin embargo, es necesario crear un nivel de impuestos óptimo para evitar incentivos para la desviación, la evasión y el mercado ilegal. La recomendación consiste en establecer un sistema basado en los niveles de THC por peso como unidad sujeta a impuestos sujeta a una política de precios amplia y a las necesidades de los gobiernos locales.

Los retos en relación al establecer el precio óptimo dependen del consumo, la disuasión de su uso, la reducción de los mercados ilegales, el desplazamiento hacia otras drogas y las ganancias de la venta legal. En este sentido MUCD, recomienda que en la fase inicial se regule el precio para que se mantenga cerca del nivel del mercado ilegal, y así los precios no estén demasiado altos o bajos generando un desplazamiento del mercado entre otras drogas o el mercado ilegal. Una referencia importante es regulación del alcohol y tabaco para diseñar estos impuestos. En la próxima columna, examinaré propuestas de regulación de otros países para definir zonas especiales de consumo y su relación con la política de salud.

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