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Raymond Chandler: gloria y miserias del padre de la novela negra

By on 13 noviembre, 2017

Para decir que Raymond Chandler (Chicago 1888, La Jolla 1959) fue un grande de la literatura del siglo XX no hacen falta sesudas reflexiones o detalladas biografías. Sin embargo, para conocer de cerca la forja de ese escritor fundacional en la novela negra, para ver sus denodados esfuerzos por trascender el género, su lucha contra la miseria literaria, las dificultades creativas que atravesó durante toda su vida, sus dudas, su amor por la grandeza de lo que de verdad está bien escrito, para eso sí hace falta una biografía, para eso sí merece la pena leer “La vida de Raymond Chandler” (Alrevés, traducción de Pilar Giralt).

En este extraordinario libro, publicado por primera vez en 1977 y ahora rescatado en un loable esfuerzo editorial, Frank MacShane se centra en los aspectos literarios la vida de Chandler y sólo aborda de pasada los aconteceres personales cuando influyen en la labor creativa.

Se trata de una biografía literaria en toda regla que retrata a ese hombre que vivió parte de su vida “al borde de la nada”. Sólo las primeras páginas tratan un poco más la deriva personal: del joven estadounidense perdido por Europa que deja el puesto de funcionario en el gobierno inglés para trabajar como periodista, debutar como poeta y dejarse llevar por la llamada de América, a ese todavía joven e inseguro hombre que se casa con una mujer 20 años mayor, de buena posición y se convierte en hombre de negocios en la industria petrolera. Durante años ejercerá ese trabajo de manera tiránica y llevará una vida de desparrame, borracheras y mujeres. Un joven, en definitiva, que ha ganado mucho dinero pero que está amargado, alcoholizado y sin publicar nada.

De 1933 a 1938 la llamada de la literatura es demasiado fuerte, lo deja todo y apoyado por su mujer Cissy, vive al borde de la indigencia pero con una enorme fe en lo que hace. En esa época estudia a Hammett, lo copia, lo venera; lee todo lo que se publica en “Black Mask” y se da cuenta de que pueda hacerlo, de que puede superarlo. Todo esto explica por qué Chandler tarda tanto en publicar, pero también por qué sus editores en la revista pulp por excelencia encontraron ya a un escritor maduro desde el inicio, un hombre de 40 años que sabía hacia dónde se dirigía.

En estas páginas se ve la construcción del escritor que reacciona ante Agatha Christie y otros ejemplos que él consideraba “deshonestos”. Una frase de su correspondencia con el experto James Sandoe resumen sus posiciones respecto a la novela enigma: “El problema de todos estos relatos de situación o misterio es que al final te sientes de improviso como si hubieras estado bebiendo agua del grifo en lugar de un Borgoña espumoso”.

Lo cierto es que Chandler no escribió mucho a lo largo de su vida, llevado siempre por la obsesión de crear grandes novelas mucho más allá del puro género policíaco, de la novela negra que sin embargo contribuyó a fundar. “Cuanto mejor se escribe una novela de misterio, es cuando más rotundamente se demuestra que en realidad no vale la pena escribirla”, resumía el padre de Marlowe.

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