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La verdadera imagen del cura Hidalgo…¿es como la conocemos?

By on 15 septiembre, 2017

 

A 200 años del inicio de la lucha de Independencia, sólo hay una imagen de Miguel Hidalgo y Costilla: el hombre anciano, calvo por el frente y con cabello largo por detrás.

Sin embargo, ninguna de las ilustraciones que hay del llamado “Padre de la Patria” coincide, ya que las que existen posteriores a 1810 son múltiples, desde un avejentado cura encorvado con mirada triste y cabello corto, hasta un tipo erguido, jovial y de pelo largo. La primera imagen es contrastante tomando en cuenta que en esa fecha él contaba con 57 años de edad.

Hay infinidad de historias alrededor de la imagen oficial que se conoce hasta la fecha de Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla Gallaga Mandarte Villaseñor.

El escritor Luis González de Alba señala que de acuerdo a algunas versiones difundidas, se sabe que el modelo que sirvió para establecer el rostro oficial de Hidalgo en realidad era un sacerdote austriaco allegado al Emperador de México, Maximiliano de Habsburgo, aunque hay otras versiones que apuntan que era belga, pero no mexicano.

“Lo que sé un tanto de oídas es que todo comienza en 1857. Recordemos: el presidente (Benito) Juárez y toda la generación de liberales no tenían un rostro oficial de Miguel Hidalgo. Después, Maximiliano se propone hacer una pintura oficial y elige a un cura austriaco que venía con él, lo ponen a posar y ése es el rostro más conocido de Hidalgo. Es verdad que la iconografía es muy variada, pero también es cierto que predomina la del viejito que parece tener 90 años, con una gran calva que le da la vuelta a la cabeza. Todos los mexicanos usan esa imagen del cura austriaco; esa pintura está en Palacio Nacional”, resalta el también periodista.

La paradoja es que una figura tan nacionalista y que actualmente es el personaje que identifican los jóvenes mexicanos está basada en un rostro extranjero.

“¡Era un cura austriaco! ¡Ni siquiera era español! Y luego, el que dejó la imagen fue un gobernante de México tan contradictorio como Maximiliano, quien fue traído por los conservadores y resultó liberal, y por lo mismo una enorme decepción, para empezar para la Iglesia”, agrega González de Alba.
Y sin embargo, los mitos construidos no le han restado fuerza, al contrario, la lucha de Hidalgo se mantiene viva, según explica el autor de Las mentiras de mis maestros.

“Es un mito plurinacional que los mexicanos necesitamos, y además tiene una característica que nos domina, es decir, eso lo hace un gran héroe, porque por convicción innata sospechamos de todos los triunfadores. Entonces, Hidalgo tiene dos características: echó balazos y perdió, su levantamiento armado no duró más de 10 días y no pasó nada. Eso de que es el inicio de la Independencia que concluyó en 1821 es falso, es uno de tantos levantamientos que hubo. Recordemos el de 1808 que encabezó el Virrey (José de Iturrigaray) porque la derecha española lo destituyó, ese fue un intento de independencia dos años antes. ¿Por qué elegimos a Hidalgo? Todos aprendimos en la escuela que en 1821 Vicente Guerrero y Agustín de Iturbide convencieron al recién llegado Virrey Juan O’Donojú con una negociación sin ejércitos de por medio, y estuvo de acuerdo que era necesario independizar a la Nueva España. Pero no nos gusta (esa historia) porque fue sin balazos, no murió nadie, y prevalece la figura de Hidalgo porque es un gran derrotado, nos gustan los derrotados”, comenta Luis González de Alba.

De las descripciones de quienes lo vieron y conocieron parecen coincidir en que era, como señala Paco Ignacio Taibo II (El Cura Hidalgo y sus Amigos, México, 2007, pp. 73, 74) de la siguiente manera:

“… de mediana estatura, cargado de espaldas, cabeza caída sobre el pecho… parecía más viejo que sus cincuenta largos años… muy moreno…”.

Sin embargo, los historiadores no se ponen de acuerdo por lo que respecta al color de sus ojos, que van desde azules a cafés, pasando por el verde.

Juan Mateos, citado por José Manuel Villalpando en una biografía del cura (Miguel Hidalgo, México, 2004, p. 17) nos da más luz sobre su apariencia física:

“Una cabeza perfectamente modelada, la frente alta… los ojos claros, la nariz recta, los labios delgados, la faz morena y un tanto descolorida, la mirada profundamente reflexiva y todo aquel rostro bañado de una calma concentrada… el cuello algo inclinado hacia la izquierda, más bien por costumbre que por conformación.”

Paradójicamente, la imagen más conocida del cura Hidalgo fue realizada por encargo y durante otra época de intervención de una nación extranjera en México: el imperio de Maximiliano. Es la obra de 240 por 156 centímetros de Joaquín Ramírez, pintor Atlixquense, que se encuentra actualmente en el Museo Nacional de Historia en el Castillo de Chapultepec y que fue tomado de modelo incluso en aquellos viejos billetes de diez pesos que circularon en la década de 1970. Se dice que el pintor Ramírez tuvo la intención de hacer un retrato fidedigno, animándose a ir al pueblo de Dolores a entrevistar a quienes lo habían conocido, no obstante ya habían pasado más de 50 años de su muerte. En esta búsqueda, le fue prestada una pequeña estatua que fue tomada del mismo cura, y atribuida al escultor Clemente Terrazas (la cual se encuentra también en ese museo). También se dice que trató con la hermana de Miguel Hidalgo, quien le proporcionó más datos sobre la apariencia física del Padre de la Patria, y conoció a uno de sus hermanos, a quien la familia le atribuía un gran parecido.

La noche del Grito de Dolores Miguel Hidalgo tenía 57 años. Parece, sin embargo, que efectivamente sus retratos no lo muestran como una persona de esa edad, sino mayor. Sobre esto, señala Fausto Ramírez (La Construcción del Héroe en España y México, México, 2001, pp. 207, 208) que algunos estudiosos del siglo XIX llegaron a la siguiente conclusión:

“… a medida que los años corren… los liberales van a ir haciendo mayor hincapié en la vejez del héroe, sabedores del respeto y la veneración que las canas suscitaban en la sociedad.”

Nunca sabremos a ciencia cierta cómo era Miguel Hidalgo físicamente, lo que sí sabemos es que era un hombre de gran inteligencia y astucia (por ello le apodaban el zorro), y podría decirse que, como iniciador y caudillo de la lucha por la independencia de nuestro país, sus mayores errores fueron dos: el primero fue la inexplicable decisión de no atacar la Ciudad de México estando en Cuajimalpa, después de la batalla del Monte de las Cruces en la que despedazaron prácticamente a las fuerzas realistas comandadas por el coronel Torcuato Trujillo, y teniendo todos los pronósticos a su favor. Hay muchas versiones sobre las razones que llevaron a Hidalgo a tomar esta decisión, la que él mismo argumentó fue que se habían debilitado sus municiones en la batalla del Monte de las Cruces y prefirió retirarle para abastecerse, sin embargo hay otras, la más aceptada es que quiso evitar en la Ciudad de México los desórdenes y saqueos que causarían sus tropas. El segundo fue el permitir y tolerar la barbarie y saqueo de su ejército en las ciudades que iban siendo tomadas por la insurgencia, siendo esto motivo de confrontación con Allende.

Lo mas cercano a la imagen real de Miguel Hidalgo es esta estatuilla, elaborada por Clemente Terrazas, de quien se dice era compadre de Hidalgo, realizada en Guadalajara, esta es la unica imagen hecha en tiempo real del cura Hidalgo.

Contemplando ésta pequeña escultura esculpida en madera y policromada, es imposible no llegar a la conclusión de que éste Miguel Hidalgo y Costilla no se parece al que todos conocemos, sin embargo hay una cuestión al respecto de la que poco se sabe, su autor, Clemente Terrazas, la hizo en 1810, mientras que todas las pinturas donde retratan su rostro, fueron hechas muchos años después de su muerte, se dice que Terrazas fue compadre del propio Hidalgo y que la escultura fue un encargo del Bachiller José María Sustaeta, terminada, la oculto dentro de una caja en Acámbaro por temor a ser descubierto con ella, mucho tiempo estuvo extraviada hasta que fue ubicada en 1853 y en 1896 Porfirio Díaz la donó al Museo Nacional de México, hoy se le puede ver en Museo Nacional de Historia que todos conocemos como el Castillo de Chapultepec.

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