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PRI: ¿Sumar para multiplicar?

By on 24 agosto, 2017

Para nadie es novedad que la fragmentación del voto es una de las características de la realidad político electoral que estamos viviendo y que distingue el escenario en el que se llevará a cabo la competencia por la presidencia de la república en el próximo año.

Contrario a lo que algunos pudieran afirmar, en cuanto a que ya está prácticamente definido el resultado, creo que precisamente, ante esta fragmentación electoral, la única certeza es que, hoy por hoy, no hay nada para nadie.

Como están las cosas, podría esperarse que los votos se distribuyeran de tal manera que, a final de cuentas, con porcentajes similares para los principales partidos, quien podría resultar vencedor, lo sería por una pequeña diferencia, como sucedió recientemente en la contienda por la gubernatura del Estado de México. Y por lo que se ve hasta ahora, ese vencedor puede ser cualquiera de los mas importantes.

Y precisamente por la experiencia vivida en esa entidad, creo yo que ni el PAN, ni el PRD, ni el PRI (opositores todos a MORENA), vayan a jugarse el triunfo a una especie de volado cuando algo tan importante está en juego.

Con diferentes estrategias, estos partidos saben que están obligados a sumar, para multiplicar los votos a su favor.

Y lo podrán hacer entre ellos, aliándose para presentar candidatos comunes o extendiendo sus redes hacia otros ciudadanos no tradicionalmente militantes en sus filas o simpatizantes suyos.

El PAN y el PRD, por su parte, ya han dejado ver el interés en formar un frente amplio opositor, para vencer a sus principales adversarios, aunque es obvio que persisten impedimentos importantes como la elección de un abanderado que pueda ser satisfactorio para todos, situación que se vuelve más complicada, ante las evidentes divisiones que existen hacia dentro de ellos mismos, particularmente en el PAN. Habrá que estar atentos al desenvolvimiento de los acontecimientos en cuanto a este posible frente electoral.

Y por lo que hace al PRI, tengo claro que Enrique Ochoa y Claudia Ruiz Massieu, al frente de los órganos directivos y seguramente siguiendo las directrices de su jefe de facto, con una provechosa y oportuna habilidad, han echado mano de todos sus recursos políticos, y de las más arraigadas artimañas y tradiciones de mando y liderazgo tricolor, para prepararse y fortalecerse frente a la reñida competencia que les espera en el 2018.

Y este fortalecimiento lo han venido buscando y promoviendo consistentemente, estimulando el ánimo y la unidad entre sus militantes y simpatizantes tradicionales, a través de ampliar las posibilidades de ser designados candidatos uninominales o plurinominales. Y por otro lado, en lo que hace a ciudadanía no militante o simpatizante abriendo los candados de sus puertas para que las candidaturas puedan recaer en ciudadanos no militantes o en la persona de personajes políticos con posibilidades de éxito en la contienda.

Particularmente destacable dentro de este mosaico de maniobras políticas, resulta, a mi parecer, la estrategia seguida en relación a los llamados aspirantes a la candidatura por la presidencia de la república, los cuales libremente se placean, aparentemente con la complacencia de su jefe directo y de los dirigentes partidistas que, hasta ahora, solo han señalado que “no están definidas las reglas conforme a las cuales habrá de definirse al afortunado o afortunada”.

Sin decirlo claramente, han dado lugar a una pasarela que permite, por un lado, ver en acción a los diversos suspirantes y hacerse una mejor idea sobre ellos y su forma de pensar y por el otro, propiciar la acumulación de capital político por parte de cada uno, el cual habrá de ser muy valioso para aportarlo, en su caso, al proyecto finalmente elegido.

Y coincidirán mis lectores en que algunos de ellos resultan muy atractivos para audiencias no típicamente priistas, y vienen a refrescar la baraja y a mandar un mensaje, respecto a la posibilidad de un PRI, ahora sí, diferente. Pero, además, se constituyen en alternativas viables para aquellas audiencias que ven con poco entusiasmo a otras opciones dentro del PRI y con verdadera preocupación otras fuera de este partido.

Ahora bien, suponiendo que esta sea la estrategia, explícita o velada, creo que la dirigencia priísta, tomando en cuenta la problemática relativa a su mala imagen, deberá asumir dentro de su programa, compromisos ineludibles (no propósitos simplemente) para dar un giro de ciento ochenta grados en temas como la corrupción, el combate al crimen, el abatimiento de la pobreza. En especial, creo yo, una serie de medidas concretas para garantizar eso que los sajones llaman “the rule of law”, y nosotros conocemos como el imperio de la ley o la vigencia del estado de derecho.

Por más atractivo, carismático, simpático, honesto, eficaz o “kosher” que sea el candidato o la candidata elegido, si no enarbola un programa construido brazo con brazo con las organizaciones ciudadanas, que puntualice compromisos concretos y formas de garantizar su cumplimiento en esos temas y en otros muy sensibles, como la transparencia TOTAL y la rendición de cuentas. Conociendo bien a algunos de esos aspirantes a los que me refiero, dudo que firmen un cheque en blanco por su capital político, si no sienten que la causa a la que se sumen realmente coincide con sus principios y valores.

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