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Teodoro González de León, renacentista a todas horas

By on 11 marzo, 2017

Más que un simple arquitecto, Teodoro González de León (1926-2016) fue un hombre culto y un humanista que confluyó en la literatura y la música, la escultura y el dibujo, renacentista de tiempo completo que entendió la arquitectura como un fenómeno cultural, amante del silencio y de la música de György Ligeti y Pierre Boulez, quienes detonaron su proceso creativo.

Así lo define el también arquitecto y editor Miquel Adrià, quien hoy presenta en El Colegio Nacional a las 19:30 horas, el libro más completo sobre el trabajo de González de León, como parte del Festival Mextrópoli 2017, donde también se proyectará el documental Teodoro, en concreto, que muestra el rostro inédito de un arquitecto que dejó huella en la Ciudad de México.

La cinta, de aproximadamente una hora, fue dirigida por Emilio Mayé, con investigación y guión del propio Adrià, quien traza un recorrido por la vida y obra de un arquitecto que se mantuvo alejado del protagonismo.

Desde el punto de vista personal, no se abría demasiado porque siempre anteponía su obra al personaje. Pero en este documental pudimos recorrer, a su lado, los lugares que visitó en París cuando tenía poco más de 20 años. También nos mostró lo que le interesó al volver a México… y recorrimos buena parte de sus obras”, comenta a Excélsior.

En el documental, que se proyecta por primera vez, el arquitecto visita la Unidad habitacional de Le Corbusier en Marsella, donde participó como residente temporal.

También recorrimos Nueva York, donde tenía un departamento y cada tres meses iba para alimentarse”.

Porque González de León no sólo se alimentaba de líneas y atmósferas, sino también de música y exposiciones.

En el documental tuvimos la suerte de contar no sólo con entrevistas de los arquitectos que conocen su trabajo, sino de personajes como Mario Lavista –músico mexicano–, con quien compartía reflexiones sobre música; Juan Villoro y su modo de entender la ciudad, o arquitectos como Francisco Serrano y Fernanda Canales”.

Al final, el artista del concreto recorre su biblioteca y explica su modo de trabajar, se refiere al silencio y la música y muestra uno de sus lados menos conocido. ¿Qué comentaba González de León sobre el silencio?, se le pregunta a Adrià.

Decía que le gustaba el silencio y eventualmente trabajar con música de Ligeti y Boulez porque consideraba que esos músicos construían sus composiciones como él construía sus obras arquitectónicas. Aunque reconocía que cuando la música era demasiado intensa… de pronto tenía que detenerse y estar en silencio”. El documental por ahora sólo se proyectará, pero después será comercializado a través de Canal 22.

 

PALETA ARQUITECTÓNICA

 

Miquel Adrià, afirma que Teodoro González “fue uno de los arquitectos más importantes de la segunda mitad del siglo XX y de principios del siglo XXI”, de quien ya se habían hecho compilaciones de su obra, pero la que se presenta hoy incluye obras más recientes como el Museo de Arte Contemporáneo (Muac), El Dorito o Torre Virreyes y los avances de la Torre Manacar.

Su trabajo es un referente donde aúna el legado prehispánico, el uso de plataformas, planos inclinados y taludes que evocan tanto la arquitectura prehispánica como la modernidad”, apunta.

En su arquitectura confluyen ideas, no sólo para erigir un edificio, sino porque a través de éste construía algo que iba mucho más allá: la construcción de la ciudad y la generación de un espacio público para darle al ciudadano algo más que el típico prisma de vidrio que entonces se acostumbraba.

Un ejemplo es el Colegio de México que, en el fondo, es un gran espacio abierto a la ciudadanía, algo que no estaba en el programa, pero lo generó como un espacio abierto, escalonado, prehispánico y moderno al mismo tiempo.

Lo mismo sucede en la delegación Cuauhtémoc, el Museo Tamayo y el Muac, donde la arquitectura sirve para generar íconos en la Ciudad, para darle identidad a la misma y generar espacios públicos para la ciudadanía”.

¿Cuál fue el momento clave que le definió?

En realidad tuvo una carrera muy consistente a lo largo de toda su vida. No hay inflexiones que cambien el rumbo de su trabajo. Desde muy joven tuvo una sólida formación, en la Escuela Nacional y con el mismo Le Corbusier”.

Pero sí existen algunos momentos que destacan por la escala de su obra: “Yo me atrevería a señalar esos edificios que hace en los años 70 con Abraham Zabludovsky, como el edificio del Infonavit y El Colegio de México, o el Tamayo de los 80; la ampliación del Auditorio Nacional a principios de los 90, donde encontramos edificios absolutamente determinantes para luego dar paso al Muac y a la Torre Arcos Bosques I, también llamado El Pantalón.

¿Hay una joya oculta en la obra del arquitecto?

Él fue creador de obras monumentales, de grandes templos de la cultura o el poder, y cuando entraba a la escala chica a veces podíamos verlo muy rígido. Pero si pensamos en su casa, ése fue el espacio donde realmente creó todo. Diría que su casa es esa pequeña joya que, de algún modo, recoge escaleras, rampas, barandales, plafones, la bóveda de ca-ñón, el muro de concreto, ahí incorpora todo su lenguaje y su paleta arquitectónica a escala doméstica”, concluye.

El libro Teodoro González de León. Obra reunida / Collected Works es bilingüe, incluye textos de William J. R. Curtis, de Adrià y fragmentos del propio arquitecto como ese donde habla del patio:

Es un elemento de nuestra tradición arquitectónica que tratamos de incorporar con lenguaje contemporáneo. Nos viene de las dos ramas que forman nuestra cultura: la prehispánica y la mediterránea, de España”.

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