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Rocío Cerón una de las máximas referentes de la poesía contemporánea

By on 21 febrero, 2015

Poesía es un árbol sin hojas que da sombra». Esa frase, tan hermosa como desoladora, nos hace pensar en su actual lugar en el mundo práctico de nuestros tiempos. Su autor, Juan Gelman, está pensando en esa capacidad de la imaginación para que una palabra y su respectivo orden y musicalidad nos sirva como un láudano en tiempos en los que la escritura tiende a simplificarse. Son tiempos de practicidad y hashtags en medio del horror que significa la cotidianidad.
¿Cómo hacer frente al horror?
Formulemos una propuesta: mediante la imaginación. No hay imaginación más pura que la poesía, que nos hace crear llamaradas allá donde hay heladas o vida más allá de los cuerpos desintegrados.
¿Qué es la poesía sino la posibilidad?
En La sublevación (surplus, 2014), el filósofo Franco Berardi Bifo ahonda en las posibilidades subversivas del lenguaje. No es que la imaginación o la metáfora sólo llamen a crear revueltas para echar derrocar el sistema hegemónico. También son una sugerencia a jugar. Y en estos tiempos utilitarios no hay nada más subversivo que la capacidad de jugar.
Rocío Cerón -Basalto, 2002; Litoral, 2001; Soma, 2003; Apuntes para sobrevivir al aire, 2005; Imperio, 2008- sabe lo que es sentir la poesía en sus dos vertientes, como creadora y como organizadora. Se trata de una de las máximas referentes en cuanto a poesía contemporánea se refiere.
Ha sido curadora por cinco años de Enclave. Poéticas experimentales, en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, así como de Expandible, Festival de Poesía Experimental, desde el 2012 hasta nuestros días, en el Centro Cultural de España. Igualmente, ha creado talleres y clínicas de imaginación poética para fomentar la lectura.
Ahora está al frente de un proyecto no menos ambicioso: Del sueño a la realidad, un festival que se llevará a cabo en San Luis Potosí del 19 al 21 de febrero. A lo largo de tres días habrá lecturas poéticas, talleres, y conciertos en la plaza pública de la capital potosina. Hablamos con ella en entrevista.
¿Cómo surge un festival de esta
envergadura?
Un poco viene casi de manera literal a partir de un proyecto donde nos hicimos la pregunta: ¿Cómo llevar la poesía a las calles? Es hacer que la poesía sensibilice de manera mucho más amplia que una lectura de 20 personas, por un lado. Por otro, tiene que ver con estas posibilidades de hacer que el lenguaje que la poesía, el video, la música se vean dentro del espacio público, en las plazas, en una ciudad como lo es San Luis Potosí, que tiene una larga tradición en cuanto a festivales de cultura, festivales de música, de artes escénicas, etc., y donde mucha de su vida pública social se da en las calles. Es un poco eso. Vamos y venimos del sueño a la vigilia. Un poco la metáfora es ir entre los dos y más allá.
Vemos que las novedades editoriales están llenas de narrativa. En los anaqueles de las librerías, por otro lado, casi no muestran demasiados exponentes de poesía. Por ello, el festival es doblemente arriesgado.
Justamente porque no es un producto. La poesía, a diferencia de la narrativa, no tiene un mercado, las exigencias del mercado que tiene un novelista, un ensayista. Un narrador, si tiene exclusiva con una casa editorial, probablemente firme un contrato por dos o tres años en el que tenga que entregar un producto terminado. La poesía no tiene esas exigencias ni responde a ellas, sino que más bien cada quien va haciendo sus procesos escriturales y creativos en sus tiempos.
Los espacios de la poesía quizás son más breves, más pequeños que los de la narrativa o estas ondas tipo 50 sombras de Grey pero tiene una potencia y tiene un subterráneo. Son como las caudas subterráneas de agua, así veo a la poesía, que no las ves pero ahí están y afloran. de alguna manera están transminándose.
De hecho, muchas de las frases coloquiales que decimos a veces sin pensar son parte de un texto de algún poeta, por ejemplo, español. Entonces, sí, la poesía está dentro de nuestras vidas y también lo poético.
Del sueño a la realidad se enfoca en esas tensiones que existen en la poesía con otras disciplinas artísticas. ¿Qué une a estas propuestas?
El festival tiene como fin crear en un espacio público un punto de encuentro, de creación, a través del lenguaje, de la poesía, de la música. Si ya la poesía es música y plasticidad -en un poema puedes ver sus colores y su plasticidad-, nos pareció interesante invitar a ciertos grupos musicales que de alguna manera también tuvieran este vínculo con la experimentación. Tal es el caso de Astrolabio, con (Alex) Otaola y Javier Lara; la onda medio rock que tiene José Eugenio Sánchez con Un País Cayendo a Pedazos, con Enrique Camacho, que es un buen músico; y cerrar con un gran grupo que también tiene esta pulsión contestataria y de libertad en donde dices lo que tienes que decir, y en la poesía dices lo que tienes que decir.
Si van al festival se darán cuenta de que la poesía no es aburrida y te habla de muchas cosas que nos pasan a todos, desde un partido de futbol hasta cualquier situación. No sólo se trata de temas amorosos o solemnes. Hay mucho de humor y sonoridad. Por ejemplo, en el Spoken Project que hace Rojo Córdoba y las experimentaciones sonoras que ha hecho desde hace varios años Ricardo Castillo, la poesía digital.
Los 23 poetas que están ahí porque de cierta manera cada uno ha investigado y trabajado con otra disciplina que no es la poesía, ya sea con visuales, con música, con performance. Tal es el caso de Gabriela León. Ella ha abierto un espacio transfronterizo entre la literatura y las artes visuales y el performance. No es tan conocida en la literatura pero es el perfecto ejemplo de quien está trabajando en múltiples planos y donde la literatura y la poesía están ahí. Viene también un poeta argentino que se llama Iván Moiseff, que dirige un espacio dentro de la Feria del Libro de Buenos Aires que se llama Zona Cultura en donde todo el tiempo está viendo las plataformas, los cortes, el diálogo que hay entre la literatura y otras artes. Eso me parece que está buenísimo. El poema no sólo es la página, se publica de muchas formas: en lo digital, se puede atomizar o expandir en las acciones poéticas, en un performance.

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