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Para escuchar la mejor música de órgano, como para vivir, Torre de Juan Abad

By on 22 enero, 2015

A pesar de tantas experiencias de dolor que nos asedian por doquier rincón del camino, hay lugares verdaderamente emblemáticos, donde a poco que penetremos con el alma nos reencontramos con la poesía.
Con demasiada asiduidad, portamos un corazón tan endurecido que precisamos volver a nuestra propia intimidad a interrogarnos. Un lugar idóneo para ello, se ubica en el Señorío de Quevedo, en «su aldea», en mi pueblo de adopción, y en el de todos aquellos ciudadanos que gusten de saborear los silencios, los más níveos acordes, o los mismos abecedarios del viento, acompasados por el paisaje del sol o el peinado de la luna.
El paraíso del que hablo es un municipio de España, situado en el Campo de Montiel, en plena Mancha, y que no es otro, que Torre de Juan Abad, para mí la Torre de mis añoranzas y desvelos.
Aconsejo que lo visiten en cualquier momento, y comprenderán que no exagero, pues hasta sus moradores (Torreños) son personas de espíritu abierto, sencillas e ingeniosas, acogedoras porque saben lo que es amar, y a la vez, imaginativas porque saben no sólo mirar, también saben ver con otros ojos el perfume de nuestros diarios existenciales. Al fin y al cabo, la vida no es otra cosa más que un deseo de vivir armónicamente.
Torre de Juan Abad también es reconocida y ensalzada por sus únicos y apoteósicos ciclos internacionales de Órgano, todos ellos celebrados en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de los Olmos.
Precisamente, acaban de editar un recopilatorio del pasado año (el XIII), una auténtica joya de buen hacer y mejor decir a las alabanzas del Creador. Felicidades a sus organizadores y colaboradores.
Un trabajo espléndido de montaje y dirección a cargo de Manuel Carcelén Montes, con la grabación en directo de Luis Manuel Ginés Guijarro y aportes fotográficos de José María Lozano y Carlos Villar.
También las históricas fotos son de un encanto increíble. Bajo la dirección del festival, Urbano Patón Villareal, y todo el pueblo unido a los augustos muros del templo venerado, en donde convergen la piedad y la admiración de los muchos visitantes que vienen a llenarse el espíritu de expresiones tan puras como místicas, no en vano su histórico órgano está considerado entre los ocho mejores instrumentos europeos, donde visiblemente se advierte el pulso de lo trascendente y donde se hallan incomparables expresiones de genialidad, aquí, decimos, es natural que la música -la más espiritual de las bellas artes- aporte su sosiego, su armonía, su gozo y hasta su misterio.
Aquí, digo, en mi Torre amada, el alma se empapa de quietud, y la llama del afecto es tan profunda, que uno siente llorarse por dentro de emoción. Todo el mundo llega a ser una verdadera sinfonía, respetuosa con la diversidad de visitantes y autóctonos, a los que les une las divinas armonías para expresar los sentimientos de gratuidad y gratitud. Desde luego, no hay en otros sitio de España, lugar mejor para escuchar música de órgano, sobre todo para embellecerse de vida.
Por sí mismo, este instrumento de Torre de Juan Abad, todo él original desde su construcción por Gaspar de la Redonda en 1763, es una auténtica pieza de museo. A esto hay que sumarle sus extraordinarios ciclos de conciertos, de una pureza artística que nos traspasa hasta llenarnos la mente de un lenguaje casi celestial, elevándonos fuertemente a las cosas más altas, a Dios.
Lo decía en uno de mis versos: «En Torre de Juan abad el órgano no cesa de elevar/ sus plegarias al Creador, cuando no hay manos para tocar,/ son las manos de Dios las que estremecen el corazón» .
Hace bien el pueblo en hacer resonar este hermoso culto por la estética del ritmo musical, por fomentar estos inmaculados conciertos, por activar la gran variedad de timbres que tiene este singular instrumento, capaz de dar resonancia a todos los ámbitos de nuestra propia existencia. Inevitablemente, escuchando el recopilatorio de Conciertos 2014 me ha recordado, de algún modo, la inmensidad y la magnificencia de este pequeño pueblo apiñado a los numerosos tubos y registros, tanto es así, que todos forman una unidad junto a Dios.
En todo caso, pienso que cuanto más nos dejemos transformar por este tipo de músicas y de hábitats, tanto más seremos capaces de transformar también el mundo, irradiando la armonía con la que todos soñamos. Nos hace falta.

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