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Una utopía museística; exposición Museo Guggenheim Aguascalientes

By on 19 enero, 2015

En el terreno donde la industria de la familia Guggenheim, arrojó los residuos de la extracción de acero y plomo durante tres décadas en Aguascalientes (1894-1925), se proyecta la construcción de un museo oscuro, sucio y tóxico como el “hijo bastardo” de la Fundación Salomón R. Guggen-heim.
Bajo el concepto de los recintos de esta firma, el de Aguascalientes sería un espacio de poco más de una hectárea con salas para exposiciones permanentes y temporales, área de servicios, un auditorio, cafetería, oficinas, estacionamiento y una terraza. Su diferencia radica en el material de construcción: desechos tóxicos legados por la Fundición Central Mexicana, instalada en el estado en abril de 1894, por Salomon Guggenheim.
Se trata del proyecto artístico de Rolando López (Aguascalientes, 1978), quien a partir de una investigación histórica propone la edificación utópica del espacio cuya intención a priori es una crítica directa de la basura tóxica producida por la fundidora, sin que su presencia en la entidad dejara un desarrollo económico o social.
Como si se tratara de una propuesta de despacho arquitectónico, López produjo la maqueta y el plano del museo ilusorio que acompañan una serie de fotografías sobre la investigación de la zona, lo que, en conjunto, integran la exposición Museo Guggenheim Aguascalientes que se presentará en la Casa del Tiempo, de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), a partir del 22 de enero.
Quien fuera becario del FONCA explica en entrevista que se trataría de un museo que desde su concepción contradice la idea “hegemónica” de la fundación neoyorquina al concebir el espacio como un recinto de muros blancos y, en sí mismo, como pieza escultórica. En este caso, el de Aguascalientes se establecería desde los tóxicos, y sus muros serían de piedra negra, producto de los residuos solidificados.
A pesar de ser muy utópico en cuanto a su construcción, aquí mostramos lo más posible para decir que sí se podría construir, y además sería a partir del material residual, lo que genera un problema, porque de entrada sería un museo sucio, un museo tóxico, oscuro, a diferencia de la lógica de los museos
Guggenheim en el mundo con el cubo inmaculado y que establece una relación con la idea de modernidad”, refiere.
A la vez cuestiona la función del museo en la contemporaneidad: para qué sirve en relación a una comunidad en particular: “Pensar en un museo sucio, tóxico, oscuro no sería tan lejano en relación con la forma de construcción y lógicas de desarrollo en el ámbito de la marginación”.
El proyecto artístico nació a partir de cuestionar su identidad y su formación artística, y si en un inicio fue una investigación sobre la construcción del ferrocarril, ésta derivó en la fundidora al encontrar cómo influyó durante una época el desarrollo del estado pero al final se tradujo en el enriquecimiento de la familia neoyorquina y la explotación de los recursos naturales de la localidad. La fundidora determinó que se construyeran líneas férreas hasta el norte del país y, de esa manera, Aguascalientes se convirtió en una especie de centro nacional por su ubicación y comunicación. La familia Guggenheim llega de una manera muy obvia en el sentido de que está vinculada con Porfirio Díaz, quien veía a México como un país moderno y en ese sentido fue importante la atracción de empresas extranjeras.
De esa manera se dio pauta para que el ferrocarril y la industria fundidora surgieran, ésta con una exención de pagos completamente, con todo el apoyo gubernamental, la explotación de los recursos al máximo, como el agua, la mano de obra y ofreciendo condiciones precarias para los obreros; muy similar, pues, a lo que ocurría en la mina de Cananea.”
Fue el 12 de abril de 1894 cuando la Fundición Central Mexicana se instaló formalmente en las orillas de un río y un barranco, para extraer plomo y cobre de la zona minera de Tepezalá, tras firmar un contrato con Alejandro Vázquez del Mercado, entonces gobernador del estado de Aguascalientes.
Se proyectó una producción de 180 toneladas diarias de metal, que en tres décadas formó el “Cerro de la grasa”, una montaña de desechos ubicada actualmente en el centro de la ciudad.
Autoridades locales han intentado desaparecer el cerro sin lograrlo, y en el mejor de los casos las piedras han servido para construir avenidas, banquetas o como diseño urbano de camellones, lo que López considera un error por ser materia contaminante dispersa por el estado, que a pesar de su antigüedad es dañina para la salud.
Los desechos están en una especie de lote baldío, y junto está la colonia Primo de Verdad, un asentamiento irregular que se instaló a un costado y su relación directa.
con el lugar afecta la salud de la gente de inmediato, a través del polvo que respiran y el polvo se puede mezclarse con el agua y de ahí más afectaciones”, señala quien realizó estudios de Diseño Gráfico y una maestría en Ciencias Sociales y Humanidades.

Como parte de la investigación, el año pasado López realizó en colaboración con artistas de diferentes disciplinas un programa de actividades culturales en la colonia aleñada al “Cerro de la grasa”. La idea era, por un lado, acercar a la gente al proyecto y a su propia historia, y, por otro, cuestionar la presencia de un museo en su sentido arquitectónico para mostrar que éste existe sin un edificio.

Si bien el planteamiento parte de la identidad y problemática de una localidad, el artista concluye que sirve de pretexto para pensar en la relación de México con el arte, el vínculo de un país aun en la periferia con la estética moderna.

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