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Un autor que escribe en primera persona

By on 2 octubre, 2014

Mar Negro” es el más reciente conjunto de cuentos publicados por Bernardo Esquinca (Guadalajara, 1972) en la editorial Almadía. Esquinca ha publicado en la misma casa editorial la novela “Toda la sangre”, además de dos volúmenes de relatos.
—En el primero de los cuentos dibujas a un personaje que imparte talleres literarios: ¿cómo son tus experiencias como tallerista y como alumno?
—En realidad doy muy pocos talleres, porque no soy bueno para ello. Se necesita cierto temperamento. Soy corazón de pollo —aunque no lo creas— y soy incapaz de decirle a alguien “tu texto es una porquería”. Pero fui a Bacalar invitado por el Sistema Nacional de Creadores de Arte, y es un lugar alucinante que me inspiró la escritura de “Los padres antiguos”. De joven tuve dos talleres particulares: uno con mi hermano Jorge y otro con mi papá, ambos poetas.
—En tu nuevo libro hay relatos en los que recurres a hechos históricos para ficcionar: ¿cómo fue la elección de estos sucesos (la llegada del hombre a la Luna, por ejemplo)? Y más allá de estos cuentos, ¿cómo son tus acercamientos con la ficción histórica?
—La ficción histórica me gusta, aunque lo mío son meros coqueteos con ella. El hecho de investigar algunas historias que se prestan para ello tiene un doble motivo: perfilar la atmósfera del relato, pero también muchas veces esa investigación da ideas importantes para la trama. En el caso de “La otra noche de Tlatelolco” era una idea antigua que tenía en la cabeza: la de que tras la matanza en la Plaza de las Tres Culturas, los estudiantes se convertían en zombies. Y en “Mar de la tranquilidad, océano de las tormentas”, la anécdota proviene de un hecho familiar: en efecto, en mi familia hay un primo con esquizofrenia que afirma que se comunica con Neil Armstrong por telepatía. Pero para hacer un cuento al respecto necesitaba más, así que me puse a investigar sobre los astronautas que pisaron la Luna.
—En algunos cuentos (“Torre Latino”, “La otra noche de Tlatelolco”, entre otros) incluyes a la Ciudad de México como un elemento simbólico extra que nutre los simbolismos de tus relatos; ¿cómo te sientes dentro de esa tradición narrativa de la literatura alrededor de la capital mexicana? ¿Qué textos puedes considerar referentes sobre ese tema?
— Me considero parte de una tradición en la que hay un interés por explorar, desde la literatura fantástica, la manera en la que el pasado de la Ciudad de México continúa ejerciendo un influjo sobre la urbe actual y sus habitantes, donde hay textos como “Chac Mool” de Carlos Fuentes y “La fiesta brava” de José Emilio Pacheco, o la narrativa en general de Héctor de Mauleón, por mencionar tres ejemplos. Por eso Vicente Quirarte y yo hicimos los dos tomos de “Ciudad fantasma”. Relato fantástico de la Ciudad de México XIX-XXI, antología en la que además de rendir homenaje al lugar en el que vivimos, planteamos la ruta de la literatura fantástica mexicana, de la cual nos sentimos parte.
—“El brazo robado” es una continuación de la novela negra “Toda la sangre”, ¿cómo fue la decisión de retomar la historia? ¿Qué tan grande fue el lapso entre la conclusión de la novela y la escritura de “El brazo robado”? ¿Te ha pasado en otras ocasiones?
—Cuando terminé “Toda la sangré” sentí que algo se me había quedado en el tintero. En concreto, esta idea que tenían los aztecas sobre las mujeres muertas en parto, y el poder mágico que concedían a sus brazos. Como el final de la novela es un tanto abierto, decidí hacer un cuento a manera de epílogo. También porque es una manera de continuar expandiendo el universo del personaje Casasola, que es una saga. Sin embargo, lo trabajé como un texto en sí mismo; es decir, que no necesitas leer la novela para comprender el cuento. Me gusta hacer estos guiños de un libro a otro cuando las historias lo permiten.
—Como epígrafe al libro citas la frase latina “Similia similibur curantur”, ¿por qué escogiste esa frase?
—Quiere decir “lo semejante cura lo semejante”. Es la idea detrás de muchos talismanes, sobre todo de los relacionados con el mal de ojo. Además de que uno de los temas centrales del libro son las supersticiones, me parecía un epígrafe adecuado para un libro de cuentos como éste, donde el miedo se conjura con el miedo.
—¿Cómo escoges la voz para tus cuentos, sobre todo en los que utilizas la primera persona?
—Es instinto. Además de tener una idea, antes de sentarse a escribir un cuento hay que tomar varias decisiones: qué tiempo, qué voz, qué recursos narrativos, etc. Si es una historia más personal, elijo la primera persona, como en el caso de “El ciego” o “Mar de la tranquilidad…”. La tercera persona te da más distancia sobre un tema, además de que te permite la perspectiva múltiple.
—En este conjunto de cuentos aparecen en varias ocasiones muertos vivientes, vampiros, referencias a fantasmas y muchos otros elementos misteriosos: ¿cuál es tu visión sobre la literatura fantástica en México?
—Existe desde mediados del siglo XIX, pero ahora es cuando está cobrando mayor fuerza. Hay más escritores interesados en ella, y las editoriales están mostrando mayor apertura. Hasta Porrúa tiene su colección de vampiros, zombies, y dos tomos de los cuentos de Lovecraft muy bien anotados. Lectores que la busquen siempre ha habido, pero ahora es cuando se les está haciendo más caso.
—¿Próximos proyectos que tengas en puerta?
—“Corrijo” una novela que transcurre en la Ciudad de México durante el Porfiriato. Es parte de la saga Casasola, pero está protagonizada por su abuelo. En ella vemos, entre otras cosas, la génesis de la nota roja en México, y las razones de por qué el Casasola del siglo XXI puede comunicarse con los muertos.
PERFIL
Un autor “SensacionalD”
Bernardo Esquinca es un escritor mexicano cuya obra mezcla los géneros policiaco, fantástico y de terror. Su trabajo está fuertemente influido por la cultura pop, especialmente el cine, las series de televisión, la novela gráfica y la nota roja.
Estudió Ciencias de la Comunicación en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). En la Ciudad de México, donde radica desde 2003, fue editor en Día Siete y Coordinador Editorial del Museo Nacional de Arte. Actualmente es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte del FONCA.
Ha colaborado en “Letras Libres”, “Nexos”, “Tierra Adentro”, “La Tempestad”, “Life & Style”, “Generación”, W Radio y el IMER. Codirige con José Soto Galindo la revista electrónica “SensacionalD”.

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