Indicador Politico

De hijos consentidos del régimen de la Revolución Mexicana, los campesinos pasaron a hijos bastardos del tratado de comercio libre. De la reforma salinista que abolió el ejido en 1991 a la fecha, el campo fue uno de los grandes perdedores de la modernización.
La apertura comercial dividió al campo entre la economía campesina y la economía agroindustrial, perdiendo la primera por falta de recursos y tecnología y ganando la segunda por las exportaciones.
Ahora los trabajadores del campo han salido a la calle para exigir el regreso del viejo modelo paternalista, sólo que líderes de la economía agroindustrial capitanean a las masas campesinas que trabajan la tierra con sus manos.
La marcha campesina de ayer miércoles adelantó los tiempos y se montó sobre la oposición perredista a la reforma energética. A pesar de que las leyes secundarias al final excluyeron la expropiación de tierra para favorecer la producción de petróleo y gas y abrieron la posibilidad de alquiler con el plus de hasta 2.5% de las ganancias para el dueño de la tierra, el Congreso Agrario Permanente repudió las expropiaciones y le quiso ganar la ventaja política a la iniciativa de reforma al campo que el gobierno federal aprobó en abril pasado.
Las organizaciones campesinas agrupadas en el CAP —desde la CNC priísta hasta la cardenista— habían aceptado los tiempos de la “Reforma para la transformación del campo” que propuso el Presidente de la República en abril y que abrió siete foros de consulta sobre los temas urgentes en la producción campesina, sobre todo la reglamentación, el mercado y precios de productos, el financiamiento y nuevas formas de organización. El foro de clausura de la consulta para la reforma está programado para realizarse en el DF el próximo 30 de julio. Ayer, sin embargo, la marcha campesina instaló otra mesa paralela en Gobernación que enredó el proceso de reforma del campo.
Los liderazgos campesinos estimulados por el PRD para reventar las discusiones de las leyes secundarias energéticas en la Cámara de Diputados sacaron a grupos de trabajadores del campo a la calle para presionar beneficios. El tema central de la expropiación de tierras para producción energética —petróleo y gas— perdió vigencia porque se excluyó de las leyes pero aun así fue una bandera en la marcha. La maniobra fue obvia: mientras ocurría la marcha, perredistas en la permanente decían: “escuchen la protesta en las calles de campesinos contra la reforma energética”.
El problema real del campo no radica en el eventual uso de tierras sobre yacimientos de petróleo y gas, sino que la crisis tiene que ver con el abandono del campo antes y después del tratado salinista de comercio libre. Salinas liquidó la propiedad ejidal con el argumento de que habría capital privado para impulsar al campo, pero en realidad el resultado fue escaso. El PIB agropecuario de 1991 al 2013 ha sido menor al PIB total.
Los liderazgos actuales de las organizaciones campesinas son de beneficiarios de la agroindustria. La crisis del campo radica en la desigualdad entre producción y productores: poca producción de unidades campesinas, en tanto que la agroindustria genera poca mano de obra y más utilidades al empresariado. Hacia 2005 un cuarto de los campesinos vivía en pobreza extrema y casi 60% en pobreza moderada, mientras una élite acumulaba ganancias. No por menos los actuales líderes de las organizaciones campesinas son ingenieros.
De ahí que la marcha campesina de ayer fue promovida por simpatizantes perredistas para darle apoyo a sus diputados que quieren reventar la reforma energética en la Cámara de Diputados y no para defender a los campesinos. Y de paso, para afectar la consulta sobre el proceso de reforma al campo.